jueves, 27 de agosto de 2009

Enemigos Públicos

Cuando uno va al cine busca salir de la sala con la sensación de no haber perdido dos horas de su vida. Al menos eso me pasa a mí. Quizás por eso paso directamente de películas que sé que no me van a decir nada. Entiendo que ese prejuicio me conduce en ocasiones a perderme grandes historias, pero es un riesgo que estoy dispuesto a asumir.

Ayer recibí una buena noticia -la primera en unos meses algo duros-. Me han renovado el contrato por 6 meses. El Día de Andalucía se convertirá en otra fecha de desasoiego, pero para eso queda bastante. Para celebrarlo me piré al cine en busca de un ladrón de bancos que fue declarado el enemigo público número 1. Sabía que no me decepcionaría.




El otro día, no recuerdo con quién, comentaba que Estados Unidos ha construído sus mitos, sus heroes, sus villanos, durante el siglo XX. A diferencia de los europeos, los norteamericanos han crecido viendo en persona a los que hoy día son parte de su iconografía. Morrison, Elvis, Obama, Capone... Dillinger es uno de ellos. Y ellos han alcanzado la categoría de mito a través de la televisión, haciéndose mucho más accesibles, siendo verdad.

Michael Mann, el director de la peli, creció oyendo hablar de Dillinger, pues su madre, de Chicago, debió conocerlo incluso personalmente. El ladrón nunca se escondía, vivía entre la gente, quizás por ello era fundamental para él no hacer nada que a la gente le pudiera molestar. Y, claro está, en los años de la Depresión no hay nada mejor que robar un banco... Sin embargo, él vive en una época visagra en la que los medios que usa la policía comienzan a cambiar y el delito debe empezar a perfeccionarse. Su romanticismo se quedaba obsoleto.

Volviendo a la película, con una riqueza de planos excelente, permítaseme destacar la secuencia final que, no sé si por su tensión o por su resolución, me recordó tanto a la famosa del carrito por la escalera de "Los intocables de Elliot Ness".


5 comentarios:

Galleto dijo...

Que a su vez es copia-homenaje de la famosa secuencia de la mítica "El acorazado Potemkin" del señor que revolucionó el montaje: S. M. Eisenstein.

Me encanta Michael Mann y me encanta la textura del video digital en el cine. Esta peli va para mis imprescindibles.

Jesús Lens dijo...

Y el personaje de Dillinger, esa forma de entender la vida que le llevó a la muerte.

Una gran película, desde luego.

PD.- Enhorabuena hermanito. Un abrazo y mucho ánimo!!!

Clarence Crane dijo...

Gracias por el link...

Bomarzo dijo...

Espera a verla, Galleto. Que pocos somos los que hablamos bien de ella.
Hermano, sí. A mí me lo pareció.
Clarence, grascias a ti por todo lo demás.

Karmentxu dijo...

Enhora bueno tocayo!! me alegro mogollón, como decimos en los madriles!!!
saludos