viernes, 9 de enero de 2009

Tetuán

Siempre me pregunto cuándo terminaré de ver todos los Madrid que esconde Madrid. Cada calle contiene un pasaje a una ciudad distinta fagocitada por la gran urbe. La frontera entre todas ellas es tan difusa que apenas es perceptible y varía de la presencia de un determinado escaparate o de la anchura de una vía.

Camino por Raimundo Fernández Villaverde, parida por la rotonda de Cuatro Caminos y una de las anchuras por las que respira Tetuán, el viejo barrio madrileño con sones coloniales y ecos de pronunciamientos. Pero sólo hay que girar 90 grados y entrar, por ejemplo, por Comandante Zorita para descubrir otra ciudad distinta, más alejada de la gran urbe pero dibujando cuadrículas perfectas que parecen no tener fin sobre un asfalto que avanza como una enorme culebra. Se deambula por calles confundidas con edificios que dejan sin horizonte a la ciudad. Sólo enormes zancudas de metal coronan unas azoteas multiformes e irregulares apuntando hacia la puesta de sol.






Y ya en la calle Jaén, atravesada por Cicerón, Dulcinea y Quijote –genial triunvirato mágico del callejero gatuno- Madrid se vuelve a transformar en otra ciudad, más en un pueblo de casas antiguas y balcones pequeños en las que se esconden como amantes sorprendidos, bombonas de butano que aguantan el frío que corta el aire. Bajo algunas de las persianas que descansan sobre las rejas de los balcones, escobas, mantas dobladas, bolsas de plástico atadas como si respondieran a un secreto código para viandantes curiosos. Por momentos, Madrid se ha convertido en una localidad mediterránea y el monóxido de carbóno se torna salitre, al igual que el sonido veloz de los coches en avenidas cercanas parece el viento de levante el mar rompiéndose en mil pedazos. Pedazos de ese Tetuán que bautiza estas calles sigue vivo en su fisionomía de peluquerías pequeñas y verduras al alcance de la mano, en el Madrid más ecuménico.



Todavía sin estar acostumbrado a esa visión la gran ciudad de nuevo se levanta ante el caminante en la calle Bravo Murillo. Que dejamos el pueblo para entrar en la ciudad nos lo anuncia los dos escaparates que flanquean sendas esquinas de la vía que desemboca en la arteria. Aldolfo Domínguez y CajaMadrid nos recuerdan que lo que hemos visto es un espejismo y Tetuán deja de ser Tetuán para convertirse en el Madrid que todo lo devora. Vuelve el ruido ensordecedor, las prisas, los empujones. El paso de peatones me pide que me detenga. Junto a mí, una mujer se retuerce en una tos que más parece estertor mientras apura un cigarro hasta su colilla. Con esa imagen el Metro de Alvarado se me abre para recordarme que hay miles de Madrid que esperan ser descubiertos por este peatón de provincias.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta tu descripción del barrio de Tetuán, Cuatro Caminos (qué bonito nombre), allí la mezcla de gente es realmente impresionante, trabajadores y estudiantes corriendo tras los autobuses, amas de casa comprando en el mercado de Maravillas (no te lo pierdas), vendedores de todo y nada, en la calle Almansa el barrio latino, asentado hace mucho con sus colmados y su música. Cuando puedas, entra en la barriada de la Ventilla a la altura de Valdeacederas, tras las Torres Kio, allí han levantado mucha construcción nueva, pero todavía quedan zonas de un Madrid que fue muy humilde, que tuvo que bregar con malos tiempos, pero que conserva un extraño sabor a barriada de pueblo pobre.Una especie de laberinto de menesterosos. Aquello siempre estuvo junto al lujo de La Castellana, pero participó poco de él.

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Tan sólo conozco el Madrid turístico-monumental y fue una ciudad que me encantó. A pesar de vivir en un pequeño pueblo, durante los días de semana, me gustan las urbes. ¿Será por eso que en mi Facebook obtuve como respuesta que la ciudad donde debería vivir es Nueva York? Buena entrada.

Bomarzo dijo...

Tengo ganas de ver ese mercado, Alvar. Intento localizarlo. Gracias por la visita.
Gregorio... Madrid es muy especial.

Anónimo dijo...

Madrid es una ciudad de barrios, y cada uno tiene su particular característica... gracias por este paseo Bomarzo.

Besillos.