lunes, 15 de diciembre de 2008

Gomorra

Realmente, cuando un tipo como Patón hace una crítica hay que ser muy osado para, el mismo día, meterse con la misma historia. Que conste que sólo la casualidad ha provocado que ambos, el mismo día hablemos sobre lo mismo. Poco puedo diferir con él sobre su visión de la película. Es larga. Muy larga. Y por momentos el tedio se apodera de uno y cuando una escena sucede a la siguiente deseas que el fin aparezca de una vez.


Sin embargo discrepo en que las historias que se cruzan durante toda la cinta carezcan de hilo argumental. Me da la sensación de que lo buscado con esta historia es dar a conocer la realidad de la mafia en una zona muy concreta de Italia. La mafia forma parte de la vida. Los que nacen en esos barrios la ven como un elemento más del paisaje, la asumen como un día de lluvia, es cotidiana. Hay diálogos que hablan de aspectos delictivos –como el del sastre amoratado y su jefe- delante de cualquier persona, sin importar lo que se dice ni ante quién se dice. No se oculta, no se esconde. Simplemente es. Quizás por eso no explica nada del porqué pasa lo que pasa. Pasa y punto.


Me gusta también que los mafiosos se presenten como lo que son, criminales. No hay glamour, el cual, desde un punto de vista romántico y cinéfilo, se puede extrañar (los Corleone, Toni Montana…), pero la verdadera cara es la que se ofrece: chándales, colgantes, tatuajes, horterismo…. No aparece ni un solo capo, ni un jefe. Intermediarios en una cadena de mando que desaparece hasta el infinito y que diluye cualquier responsabilidad dejando en manos de los más sanguinarios las decisiones más inmediatas. Sólo hay un “mafioso” en traje, don Franco, y siempre usa el mismo terno de lino en color marrón, salvo en su visita a Venezia.



El lenguaje cinematográfico usado es arriesgado. Que nadie vaya al cine a la espera de ver una peli convencional. De eso nada. Por un momento, la cámara al hombro y los planos subjetivos hacen que el espectador sea un personaje más de la cinta, como sucede en esos ambientes, en los que todos, unos por acción y otros por omisión, permiten que la mafia no deje de “trabajar”.

Repito, es larga y, en ocasiones tediosa, pero, creo que merece la pena acercarse a esta historia, ya sea a través del libro, que aún no tengo, o por una película valiente como esta “Gomorra” que durante más de dos horas te conduce a un suburbio napolitano, o de Madrid, o de Granada….


Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo en el cine.

4 comentarios:

Jesús Lens dijo...

Jajajaja. Vaya compromisos en los que me pones !!

Es verdad que son bocados de realidad en que lo más importante es precisamente lo que más me irrita: la desdramitación, desde un punto de vista cinematrográfico.

Es decir, que no hay grandes historias de amor, odio, venganza... aunque de todo ello hay. pero como dices, contado con la naturalidad del que come, duerme, caga y mea. O sea: en feo, en desagradable.

Lo que pasa es que, para eso, hubiera preferido un documental, como parece que es el libro, que no he leído.

A mí me gustan los mestizajes, ya lo sabéis, pero "Gomorra" se me queda entre ni chicha ni limoná, la verdá.

Nefer dijo...

Eemm.. vale.. sigo pensando lo mismo, no la veré. Para ver una película que me cuenta la realidad de una mafia, prefiero ver un documental.

Anónimo dijo...

Bueno, sirva para los dos: las cosas nunca son como dice Patón o como dice Juanjo, sino un poquito del punto medio.
No creo que la vea. Más que nada por larga: me cansa mucho un metraje largo. debe ser vejez.
Abrazos,
Rigoletto

Anónimo dijo...

Si la veo, ya os cuento. Gracias por vuestras reseñas.

Claro