sábado, 30 de agosto de 2008

Argentina o cuando la justicia se hace a medias

A nadie escapa que la dictadura argentina fue una de las más crueles de toda la América hispana. Las desapariciones, el tráfico de niños, los asesinatos masivos eran el pan nuestro de un pueblo subyugado por los militares. Dice un amigo mío argentino que hay pocas cosas peores en Argentina que, por ejemplo, ser hijo de general. Las leyes de punto y final fueron como fuego en la herida que lejos de curar avivó más la indignación que producía ver la impunidad con la que unos asesinos se movían por el país al que torturaron, violaron, mancillaron.

Hoy, y después de haber conseguido la revocación de aquellas infamias, los asesinos van recibiendo parte de su medicina.Y es una verdadera pena que sólo reciban una parte de ella. Me explico. Ayer, dos de esos generales, Luciano Menéndez y Antonio Bussy, (en la foto) fueron condenados a cadena perpetua por sus crímenes durante la dictadura. Dos venerables abuelitos, uno de ellos muy enfermo, -con el síndrome Pinochet, creo, que es aquél que da a los asesinos cuando están punto de pagar por sus fechorías-, frágiles, casi indefensos, tenían que escuchar delante de las familias de sus víctimas que la poquita vida que les queda la van a vivir carentes de libertad. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, el Tribunal, en un ejercicio de hipocresía humillante para los muertos de esos verdugos, permitirá a la dulce parejita cumplir esa condena en su casa, pagada a costa de tanta muerte, con la soldada del asesinato.

A pesar de ser un buen día, la felicidad no puede ser completa y, tal y como le sucedió a Franco o al propio Pinochet, estos asesinos terminan por morir en sus camas. Así, la Justicia es menos Justicia y parece menos ciega.

Os dejo con una canción de Ismael Serrano dedicada a las Madres -ya Abuelas- de la Plaza de Mayo.


Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo argentino.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicidad incompleta, justicia truncada, todo a medio camino. Como la vida misma.
Rigoletto

Anónimo dijo...

Pues me parece inhumano que esos "abuelitos" sufran. Caballo Viejo, Caballo Viejo... con la pata rota, ya sabes lo que hacian en el Oeste.

Foces de Eboli.

Alberto Bueno dijo...

Otra de tantas injusticias que tanto hicieron sufrir a su propio pueblo en nombre del mismo. Y, ahora, parte de ese mismo pueblo es incapaz de devolver un poco de aquello que les fue arrebatado.

¿Justicia?

Un saludo

PD: ¿esos cambios de nicks? :-)

Anónimo dijo...

Recuerdo hace unos años, aún sin hijos. Veía a las madres de la plaza de mayo y me entristecía. Hoy, madre de dos hijos, cuando lo veo en televisión o leo sobre el tema (a menudo), no siento sólo tristeza, sino ese dolor de rabia incontenida que entendemos muy bien cuando somos madres. Podrían ser mis hijos y yo podría ser la madre.

Gracias Bomarzo por este post.