jueves, 30 de octubre de 2008

Bomarzo




Querido amigo. Querido desconocido.

Nevegando por los cursos de la Hitoria me topo con la feliz noticia de hacerte llamar como mi querido feudo, el mismo en el que duermen mis deseos de inmortalidad. No puedo negarte que la primera intención al ver tu firma fue de ira, de completa rabia y sentí el deseo infinito de buscar tu hacienda y arrasarla después de exigirte explicaciones y renuncias en tu condición de plebeyo. Pero las cosas ya no son así.

Quizás mi hermano Girolamo, tal vez mi padre, incapaces de ser conscientes de que nuestros pasos serán medidos con crudeza por el tiempo, seguirían reaccionando así. Hoy es imposible. Yo sé que el mundo ha cambiado, no tanto en el fondo como en las formas, la verdad.

Después, como pasa siempre, la tempestad de la rabia fue sustituída por la calma del conocimiento. Quise comprenderte. Me detuve a tu lado para conocerte. Las distintas vidas que he vivido han hecho esconder mi jiba y otros de los defectos que atesoraba mi cuerpo y con los que aprendí a vivir durante siglos. No me quedó más remedio. Por eso no me viste jamás.


Hoy, años después de saber de tu existencia contemplo que mi jardín, que mi vida ha servido de inspiración a una ilustrada corte que empieza a hablar de mi controvertida figura, atraídos todos por mi doble faz, en un intento maquiavélico de huir de lo que verdaderamente les atrae de mi figura, que no es otra cosa que mi propia condición humana, tan cercana a la de todos aqu´llos que se miran hacia dentro a través de los ojos de la verdad.

Me tocó vivir, quizás, la mejor época del mundo en el Estado más interesante del orden viejo. Sin embargo fueron los ojos de un hombre del mundo nuevo los que me condujeron a la luz pública y en él, con él, viví una segunda vida en la que mi jardín resucitó todos sus fantasmas, todos sus gigantes, todos sus miedos. Hoy, gracias a él, y en parte gracias a todos los que habéis hablado de mí, se ha logrado por fin que mi inmortalidad sea tan real como la muerte de mis hermanos, los excesos cometidos, mi odio a los Colonna, mis escapadas por Bomarzo para mancillar, violar, dar rienda suelta a mi sadismo.

Jamás me sentí con fuerza para coger una espada, pero fue el papel, por contra, quien me dio fama. Quién se acuerda hoy del maldito de mi padre, del muerto de mi hermano... Hoy, el jibado Orsini, eso sí, con la humildad de la que siempre careció, Pier Franceso Orsini, no sólo es capaz de nublar la vista del alma a quien por mis historia pide perdón a su madre por deudas nunca pagadas, sino que se encarama a lo alto de la Historia para recordar a todos que, pese a su miseria logró vestirse de ser inmortal en la gloria de la literatura.
Poco más te puedo añadir, amigo, aunque podría contarte tanto... Déjame sólo recordarte que siempre andaré cerca de ti pues tú y yo, no somos tan distintos.

Un saludo.
Pier Franceso Orssini, Bomarzo. >span>

12 comentarios:

Jesús Lens dijo...

Sí. La inmortalidad. Al final, querido y siniestro Gibado, alcanzaste la inmortalidad, convirtiéndote en el mejor guía para mostrarnos la Europa del Renacimiento. Una Europa excitante, difícil, dura y apasionante.

Enhorabuena, Bomarzo, por haber conseguido trascender tu tiempo y tu espacio y, en el siglo XXI, seguir maravillándonos a todos.

Anónimo dijo...

Juanjo, yo quería darte las gracias porque gracias a ti hemos conocido Bomarzo, un libro que seguro que no podremos olvidar.

Estupenda entrada escrita con una gran fuerza.

Claro

SGCI. dijo...

Justo epílogo.

Sielitolindo dijo...

Juanjo, hoy más que nunca Bomarzo...

Impresionante, no tengo más palabras.

Bueno sí ¡GENIAL!

un besote

Vane

Bomarzo dijo...

Jesús, sólo un sencillo agradecimiento.
Claro, las gracias a Jesús.
Gu., merecía algo mejor.
Vane... Exageraaaaaaaaaá.

Nefer dijo...

Ups, sin palabras me hallo... no se puede describir ni más ni mejor, tú ya lo has dicho todo.

Besillos.

Bomarzo dijo...

Gracias Nefer.

eltercero dijo...

Lo siento. No me ha dado tiempo a leer Bomarzo. Pero si he leído, como tantos día, a Bomarzo. Como siempre, gracias

Anónimo dijo...

Alucinante. Te has puesto el listón que no va a haber güevos. Creo que tu mejor entrada. Es acojonante.
Rigoletto (boquiabierto)

SGCI. dijo...

Cierto: mereces que mi comentario de tu post sea algo más que una palabra, pero no encuentro otra. El epílogo a toda esta historia, al libro, a tu blog (Dios quiera que si te da por cerrarlo sea dentro de muuuuuchos años) no podía escribirlo otra persona que Vicino Orsini. Tu entrada definitiva. Es justo.

Juan Antonio dijo...

Bomarzo habla a Bomarzo. Nuevo juego de espejos que distorsiona tiempos y espacios.

Así tenía que ser. Reencuentro a través de las brumas irreales de los siglos en un ansia común de perseverar en la existencia, en la inmortalidad.

Un abrazo, amigo. Felicidades.

Bomarzo dijo...

Nefer, la verdad es que tu escritura es una referencia para mejorar.
Alberto, el amor te ciega, querido. Pero gracias en cualquier caso.
Gu... Pues no creas que por mi cabeza se pasa.
Juan Antonio, cuando hablas sólo puedo y debo callar.