miércoles, 22 de octubre de 2008

Camino

Un artículo en la guía del ocio que publica la edición madrileña de El País despertó mi curiosidad. Después sólo tuve que escribr "Alexia" en Google y la información fluyó de tal manera que, consecuentemente, el siguiente paso era el de ir a ver "Camino". Cooperó en el asunto la entrevista que leí el pasado domingo en el mismo periódico. Y eso fue lo que hice anoche.


No puedo negarlo. No acudí limpio de prejuicios y, la verdad que lo intenté. Conozco a mucha gente del Opus, incluso gente con la que he mantenido o mantengo un cierto grado de amistad. En mi época de estudiante intentaron captarme, pero no interesé demasiado.

Me senté en mi butaca. Fuí solo. Nadie quiso acompañarme. Una amiga me dijo que la historia de Alexia la traumatizó de niña. Comprendí por qué. A Mayte tampoco le ponía la historia. Así que me tuve que enfrentar solo a esta película.



"Camino" cuenta la historia de una niña normal. Quizás más sensible que el resto de sus compañeras. Un historia que relata en toda su crudeza el dolor que sufrió con su enfermedad y el peligroso influjo que los padres podemos llegar a ejercer hacia nuestros hijos. Como diría Serrat, a menudo se nos parecen. Somos tan irresponsables que, entre otras cosas, les cargamos con nuestras creencias, nuestras supersticiones. Les soltamos sobre sus hombros nuestra fe, más o menos arraigada. Convertimos nuestros miedos en las peores de sus pesadillas.

Camino es eso, una niña atenazada por la radical creencia de una madre cercana al integrismo. No dudo de que la cinta proyecta de forma exagerada algunos rasgo de la conducta del Opus que pudieran resultar no reales, pero hay otros que son tal y como lo reflejan y eso me indigna sobremanera.

Me dice Carrasqueño en una entrada anterior que soy un tanto anticlerical. No lo dudo. Es posible, pero ese anticlericalismo está basado en razón, en observación, en experiencias propias que me conducen del anticlericalismo a una crítica cerrada de una Iglesia radical y bastante peligrosa.

Camino es una niña normal, a lo mejor con una formación religiosa más afianzada, pero apresada por un miedo atávico a la imaginería transmitida por una madre que entiende que Dios, su Dios nos quiere hacer santos a través de la aceptación gozosa del sufrimiento más inhumano.
La propia familia de la niña Alexia, en la que se inspira esta cinta, dice que el final de la película ridiculiza sus creencias. Quizás. Llevo horas masticándolo. Pero, en cualquier caso, esas creencias que pueden rozar el ridículo en la peli, se ridiculizan por sí mismas en aspectos que son muy difíciles de entender, como el diálogo que mantienen a tres bandas una efermera, la niña y su madre en la que, mientras radiaban a la pequeña, con las consecuentes quejas de la menor, la mamá le pedía que aceptara con resignación cristiana lo que Dios le había mandado y que al quejarse le ofendía. La enfermera, por lo bajini y con cara de asombro, exigía a Camino esa queja que le sirviera de desahogo.
Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo indignado.
PD.- Nada más llegar a casa no pude hacer otra cosa que besar a mi hija.
PD.- Pinchad los enlaces, sobre todo el de Alexia. Merece la pena.


5 comentarios:

Nefer dijo...

Bueno, yo no voy a entrar en debates ideológicos ni religiosos, cada uno que crea lo que quiera y como quiera; solo diré que esta peli no iré a verla, desde luego.

Besillos.

Carrasqueño dijo...

Bormazo, yo tampoco iré a ver Camino. Quizás por otras causas a las de Nefer, pero no iré. No creo que la idea de Cristo se materialice en la organización que mantiene a Camino.

Jesús Lens dijo...

Yo espero verla. No leo nada hasta entonces...

Bo Peep dijo...

Pues yo a pesar de mi anticlericalismo, o precisamente por eso, espero verla.
El enlace que pones de Alexia es fascinante. Y aterrador.

Bomarzo dijo...

NO dejes de hacerlo, Bo