Cayeron los últimos días
como martillos que golpean manos.
El viento de su rastro
adelgazó el tamaño del diccionario
donde duermen los poetas.
La letra A se abrazó a la M.
Se asomaron a la muerte.
La marcaron con un verso.
Y el mundo pareció más pobre
sin Antonio y su voz de piano,
sin Mario y su pluma de corazones.
En las nubes se leen estrategias.
El viento silba en el sitio de un recreo
sin huellas y restos de polvo
donde el silencio no mejora los ecos.
Sí. El mundo
parece más pobre, ahora
que se mueren diversas formas
de decir te quiero.
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