La red está llena de entradas sobre el tema desde ayer. Me quedo con dos, la de Ramón Lobo y la de Enrique Meneses. En ambos casos queda resumido perfectamente el sentir que despierta una sentencia de muerte lanzada en nombre de un Dios, cualquiera que sea. Ratzinger, el enemigo del Vaticano II, el apostol de la vuelta a Trento, se convierte en un "yihaddista" de la fe católica y decide condenar a muerte a millones de personas en África criticando el uso del preservativo como método de prevención para el contagio de SIDA. Castidad y abstinencia… la misma de sus prelados pederastas?
Ratzinger lanza el avión de la muerte por VIH contra las torres gemelas resecas de esperanza que en África son devoradas por la termita del SIDA. Contra eso sólo puedo mostrar mi repulsión y mis deseos, cada vez más firmes, de una apostasía obligada por la incompetencia jerárquica de estos talibanes de alzacuellos y oropel.
Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo alejado de la jerarquía.
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