Ya estoy en Granada. Aunque será de manera efímera. Mañana, es decir, dentro de un rato, salgo para Almuñécar. Unos diíllas en el califato de Benavides me trasladarán a la realidad de la Costa Tropical, un enclave -Almuñécar- que está a años luz de lo que podríamos entender con un lugar para descansar y relajarse. Pero antes de enfrentarme a la playa con más kilómetros de zona azul (con dos cojones), "disfruto" de la semana más calurosa en mi ciudad de los últimos 3 años. Y ello implica: dormir en el sofá del salón, sudar como un pollo toda la noche, no respirar del todo bien y acordarme de la madre que parió al calor varias veces al día. Y todavía hay quien me pregunta si echo de menos Granada...
A Dios pongo por testigo que no volveré a pisar esto en verano. Que me hagan un hueco en Finlandia que allí, no sólo no hace calor, sino que Benavides es una entelequia imposible de imaginar...
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‘Grandes promesas’ cumplidas por Pierre Lemaitre
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