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martes, 10 de febrero de 2009

Eluana ha muerto... otra vez

Han sido 17 años muriendo. Han sido 17 años de agonía. Dicen que ella no se ha enterado de nada. En el peor de los casos es posible que quien afirma eso tenga razón. El sufrimiento ha sido el de sus padres, que han vivido 17 años atados a una muerte sin fin.

17 años en los que Eluana ha muerto muchas veces. La pelea de unos padres que deseaban que la pesadilla terminase. 17 años de lucha, el último de ellos especialmente duro, pues aquellos que se denominan pro-vida no han tenido ningún reparo en clavar puñales de odio a Eluana y a sus padres, que no se han cansando de decir que ella nuncha hubiera deseado estar 17 años viva sin vida. Un gobierno pseudo fascista ha querido modificar una ley para no aplicar la sentencia que exigía poner fin a la no vida de Eluana; Una Iglesia anclada en la Baja Edad Media pedía a la familia, por boca de su máximo responsable, aceptar el sufrimiento como vehículo que te lleva por la derecha y sin atascos a un Dios perverso que se recrea en el dolor de "sus hijos".

Afortunadamente, Eluana ha confirmado su muerte a la que llevaba atada 17 años. Algo no se hace bien si para evitar el sufrimiento de un ser humano seguimos aplicando parámetros morales como impedimento exclusivo, suficiente. Estamos muy lejos de ser dignos, pues para ello no es necesario tener derecho a una vida digna. Quedarnos ahí es sólo andar la mitad del camino. La otra mitad es la de reconocer que tenemos derecho a morir con la misma diginidad, esa que le robaron a Eluana durante 17 años.

Al fin descanse en paz.

Bomarzo por la muerte digna.

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jueves, 11 de diciembre de 2008

Muerte en directo

Anoche, un canal de televisión ofreció en directo el suicidio asistido de un enfermo irreversible en el Reino Unido. Es obvio que hoy todo es imagen, todo es espectáculo. Fenómenos como "Gran Hermano" abrieron la puerta a un género televisivo que se alimenta de lo íntimo. Hemos perdido el pudor y cada vez nos avergonzamos de menos cosas. Ni siquiera de morir en directo.

¿El fin justifica los medios? El matrimonio británico protagonista de la iniciativa televisiva quería concienciar al pueblo sobre la importancia de una muerte digna. Audiencias millonarias verían el fallecimiento de una persona, pero pensarían de verdad en ese derecho? Se abriría el debate deseado?

Sobre mi vida sólo debo mandar yo. Soy yo quien decide si quiero vivir o no. Lo siento, pero carezco de fe para depositar mis esperanzas en un ser supranatural y omnipotente. Por tanto, llegado el caso, no quisiera que nadie se interpusiera en entre mis deseos y la voluntad de llevarlos a cabo. El problema está en la necesidad de un tercero para poder ejecutar esa voluntad. Hoy, a tenor de nuestro ordenamiento jurídico eso sería un homicidio, pero se olvida que hay un ser humano que quiere disponer de su vida y que no puede hacerlo. Le es materialmente imposible. Por tanto ya es hora de que el Estado se deje de hipocresías y asuma un rol que se le exige y del que es necesario sacudir los preceptos moralistas que lo adornan. Es el Estado el que debe garantizar mi derecho, no sólo a una vida digna, sino a una muerte digna y la dignidad de una muerte -o de una vida- es algo bastante objetivable. El Estado debe asegurar, garantizar que se muere como realmente se desea.

Al menos esa es mi opinión. Otras consideraciones merece el hecho de una cámara de televisión dando en directo todo, la banalización de la vida, eso de que el fin justifique el empleo de cualquier medio.

Qué opinas tú?

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo por la muerte digna.

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