Cada uno tiene sus fetiches. Sí. No es malo reconocerlo. No hace mucho, hablando con los compañeros con los que suelo almorzar todos los días, hablábamos de esas personas inalcanzables que despiertan gamusinos en el estómago. Yo tengo dos. Una de ellas es la que os dejo aquí. Dicen que no sabe cantar, dicen que esto no es lo suyo... Quizás. A mí me gusta. Es lo que tiene. Y, por otra parte, podría estar horas mirándola... también.
Este espacio es una puerta abierta a la reflexión, a la discrepancia, a la memoria de esas ciudades que dejamos atrás. Poco a poco se ha ido convirtiendo en un reflejo de la vida 2.0. El jardín crece. Ayúdame. Pasa, por favor. Estás en tu casa.