Mientras Arenas se esforzaba en demostrar que el PP, es decir, la derecha, es el partido de los pobres, de los trabajadores, de los humildes, y, por el contrario, que el PSOE es la formación de los ricos, de los poderosos, de los pudientes (que manda “güevos”), su compañera de partido, como ya hicieran otros de su misma formación, Montserrat Negreda, arremetía contra Andalucía y su forma de hablar en castellano en la persona de la Ministra de Fomento. Os ruego que pinchéis el enlace porque las palabras de la señora Negreda –al que la acepción "señora" le viene gigante- para que disfrutéis de la mofa con la que habla de nuestro acento. Si queréis podemos discutir también si una figura pública como una ministra, por muy incompetente que sea, puede ser definida como cosa o no.
Arenas tiene al enemigo en casa. Su acercamiento electoral a Chaves en la última cita autonómica, que cuenta con más deméritos socialistas que méritos propios, se puede convertir en un espejismo si su partido sigue demostrando que ve a Andalucía como esa tierra subdesarrollada, analfabeta, inculta, digna de desprecio… La misma por la que los abuelos de los actuales dirigentes populares se paseaban a caballo pisando jornaleros. O, por ser más precisos, y ya que Montserrat es catalana, los mismos que fueron auxiliados por miles de andaluces a hacer de su tierra, Cataluña, una región próspera, moderna, fuerte, rica…

Y además, esta señora, a la que insisto el calificativo "señora" le viene enorme, llama “cosa” a una ministra. Siguiendo su razonamiento torticero, si una ministra es una cosa, una simple diputada como ella, no alcanza ni siquiera la categoría mínima necesaria como para ser considerada o tenida en cuenta como algo más elevado que un simple cero a la izquierda, de rango inferior a una cosa, sin duda.
Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo andaluz y con acento.
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