La sugestión que provoca el lugar exige un silecio de cementerio. Algunos carteles colgados en los árboles nos recuerdan que los familiares de los "paseados" por allí desean que el paraje sea un camposanto y nos solicitan que nos comportemos como si allí estuviésemos. La respiración es demasiado sonora y sólo las chicharras del verano tienen licencia para cantar sus cantos secos. Sólo queda callar, callar para que las voces de los que allí han fortalecido con sus huesos los bosques de Víznar resuenen altas tirando de nuestra memoria.
Con un puñado de tierra en mis manos siento la manifestación de muertos ocupando las cunetas y la manta de aquellas madrugadas de miedo y muerte envuelve mis pensamientos.
Hoy leo que dentro de poco se abrirá la fosa en la que presuntamente descansan los restos de quien eleva el eco de aquellos muertos. Y hoy sé, después de visitar Víznar y su barranco, que me importa muy poco si Federico está allí enterrado o no. Lo único que sé es que junto a él, en Alfacar o en cualquiera de tantos lugares donde se asesinó impunemente en nombre de Dios y su Santa Cruzada, los españoles tenemos una deuda pendiente, una disculpa secular.
No sé el tiempo que estuve allí. Algunas fotos, mucho silencio, un nudo en el estómago, un lo siento insufienciente y, por último, sobre la cruz que sirvió de excusa para el asesinato y que cínicamente nos muestra el lugar en el que descansan 10, 100 o 1000, un puñado de tierra seca caída de mis manos que espera ser abrigo en la madrugada mortal de aquellos huesos.
Fotos: @bomarzo
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No obstante, se me ocurre pensar que la Iglesia pierde mucho el tiempo en tonterías. Las almas de sus fieles estarían más tranquilas si sus pastores centraran sus esfuerzos en sus verdaderos cometidos y dejaran al César lo que es del César.










Y de no ser porque el tema es muy serio se me hubieran caído lágrimas de risa. El cura de la peli que, recordemos, está basada en hechos reales, se puso de lado del débil, con independencia de su ideología, actitud que hubiera sido la deseable en el resto del clero, pero no sólo durante la guerra, sino en toda la historia de España, lo que le habría evitado seculares odios y revanchas desproporcionadas aunque no exentas de cierta justificación. El obispo de Pamplona pronunica dos frases épicas durante la peli. En una dice que "La Iglesia siempre está con el poder legalmente establecido, aunque no es menos cierto que la República era un régimen legal...". En la otra le dice a don Miguel "ya está usted otra vez con el cuento ese del Evangelio y no se da cuenta del daño que le hace a la Iglesia". Curioso, verdad?
Unax Ugalde hace un papel excelente, como el resto de los actores. La banda sonora, muy buena. La fotografía, impresionante. La historia, genial. Merece la pena ir a verla y sería de obligado visionado para chavales de 15 años en adelante. Les ayudaría a conocer que eso pasó y que no fue como muchos dicen.
