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lunes, 24 de agosto de 2009

Barranco de Víznar, una guerra contra el olvido

Han tenido que pasar 34 años para conocerlo. Nunca lo había pisado antes. Jamás mis pasos me condujeron a aquel entorno. Pero a los 34 años pude verlo. Imagino que era una curiosidad malsana la que me llevó hasta allí. Eso y unas ganas terribles de arrojar un puñado de tierra sobre ellos, sobre todos los que allí descansan en su escondido anonimato. Asesinados, pero siempre recordados.


La sugestión que provoca el lugar exige un silecio de cementerio. Algunos carteles colgados en los árboles nos recuerdan que los familiares de los "paseados" por allí desean que el paraje sea un camposanto y nos solicitan que nos comportemos como si allí estuviésemos. La respiración es demasiado sonora y sólo las chicharras del verano tienen licencia para cantar sus cantos secos. Sólo queda callar, callar para que las voces de los que allí han fortalecido con sus huesos los bosques de Víznar resuenen altas tirando de nuestra memoria.

Con un puñado de tierra en mis manos siento la manifestación de muertos ocupando las cunetas y la manta de aquellas madrugadas de miedo y muerte envuelve mis pensamientos.

Hoy leo que dentro de poco se abrirá la fosa en la que presuntamente descansan los restos de quien eleva el eco de aquellos muertos. Y hoy sé, después de visitar Víznar y su barranco, que me importa muy poco si Federico está allí enterrado o no. Lo único que sé es que junto a él, en Alfacar o en cualquiera de tantos lugares donde se asesinó impunemente en nombre de Dios y su Santa Cruzada, los españoles tenemos una deuda pendiente, una disculpa secular.


No sé el tiempo que estuve allí. Algunas fotos, mucho silencio, un nudo en el estómago, un lo siento insufienciente y, por último, sobre la cruz que sirvió de excusa para el asesinato y que cínicamente nos muestra el lugar en el que descansan 10, 100 o 1000, un puñado de tierra seca caída de mis manos que espera ser abrigo en la madrugada mortal de aquellos huesos.

Fotos: @bomarzo

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miércoles, 19 de agosto de 2009

Pepe Sacristán da voz a la memoria de Lorca

El pasado día 17 de agosto tuvo lugar el tradicional homenaje que la Diputación de Granada hace en Alfacar a la memoria de Federico García Lorca y al resto de los represaliados durante la Guerra Civil en la provincia. Este año, el encargado de poner voz -y qué voz- a la poesía fue el actor Pepe Sacristán.
Os dejo con un vídeo para que disfrutéis del momento...



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El Mundo

Ideal

Granada Hoy

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jueves, 6 de agosto de 2009

Granada y su des-Memoria Histórica

Escribamos sobre Memoria Histórica. Si ayer, el pueblo de Madrid, con un gobierno del PP, rendía un merecido homenaje a las 13 Rosa en el 70 Aniversario de su fusilamiento, colocando una placa para que sus nombres no se borren jamás de la Historia... En Granada, de forma algo infantil y sin nada de convencimiento, los partidos de izquierdas comienzan a reclamar la retirada del monumento a José Antonio Primo de Rivera de la plaza de Bibataubín, en pleno centro de la ciudad.

Sin embargo, el PP (imagino que el mismo que gobierna Madrid) dice que esa estatua tiene un reconocido valor artístico y que por ello no se puede quitar.

Reconozco mi nula capacidad para apreciar el arte... Aunque lo entiendo como algo totalmente subjetivo. Pero llegado el caso, el cinismo del PP granadino (cañí como la ciudad que gobierna) roza el insulto. El monumento en cuestión, que no sé quién lo hizo, podría estar realizado por el mismo Alonso Cano. Ello no dejaría de ser una exaltación al fascismo que condenó a España a una Guerra Civil y a 40 años de dictadura infernal. No se puede gloriar algo así y, mucho menos utilizar el arte como excusa para no, por ejemplo, fundirlo y con su metal hacer un monumento que recuerde a todas las víctimas de la represión brutal que se desbocó en una ciudad que, sin ser frente de batalla, contó sus muertos por decenas de miles.


Es más, y vuelvo con el cinismo de la gaviota granatensis. Tan artísitica puede ser la escultura que recuerda a José Antonio como el caballito de la fachada del ayuntamiento de la capital. Sin embargo, para esa estatua sólo ha habido desprecio e, incluso, se le buscan nuevas ubicaciones. Por cierto, una escultura obra de Pérez Villalta, quien ha sido agredido en Tarifa, al parecer por militantes del PP. La metáfora llevada al extremo. Todo se termina tocando en el mismo polo.
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lunes, 13 de julio de 2009

Obispos que piden perdón

Reconozco que cuando vi la foto de portada de la edición de El País de ayer, la carne se me pusode gallina. Sí. Mi ramalazo anticlerical encendió las luces de alarma. Esa fotografía apoyaba una noticia cuyo titular venía a decir: Los obispos vascos piden perdón por no condenar un crimen franquista. Según pude leer, se refería al asesinato de varios sacerdotes afiliados al PNV.
Uno de los protagonistas de la instantánea era monseñor Setién quien cuando era alguien importante, negó la posibilidad de celebrar funerales en templos cristianos a determinadas víctimas del terrorismo de ETA. No hubiera estado mal que, en ese caso, también se hubiese pedido perdón.No obstante, se me ocurre pensar que la Iglesia pierde mucho el tiempo en tonterías. Las almas de sus fieles estarían más tranquilas si sus pastores centraran sus esfuerzos en sus verdaderos cometidos y dejaran al César lo que es del César.

Reconozco que la virtud exculpadora que el catolicismo –en general todo el cristianismo- otorga al perdón tócame en algunos casos los pies. Gracias a ella se han justificado grandes tropelías. Tal vez la Iglesia debiera permanecer al margen de muchas de las cuestiones por las que después ha de pedir perdón. Y eso cuando lo pide, claro. Porque, por decir que el Condón ayuda a propagar el SIDA, ¿pedirá perdón el Papa antes de pasar 500 años? ¿ Y a los niños de los que han abusado?

Tengo mis reservas.

Eso sí. La cúpula del PNV estaba en misa, como Dios y Arana mandan, dando la coartada necesaria para que el acto tuviese aún un sentido escénico mayor.


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viernes, 5 de junio de 2009

Víctor Jara de nuevo

El País ha dado a conocer la noticia. Los restos de Víctor Jara han sido exhumados para intentar determinar la identidad de sus asesinos. Todo un éxito para los que pretenden que las tropelías cometidas por Pinochet y los suyos no queden impunes. Todo un éxito para los que pretenden acabar con la impunidad de los asesinos.

De nuevo Chile da una lección de Memoria Histórica, esa de la que en España algunos se avergüenzan y otros pretende obviar.

Felicidades a todos los chilenos. La voz de Jara suena tan fuerte como siempre.



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jueves, 23 de abril de 2009

Fortes o cómo vivir a costa de Lorca

De entrada, no me gustan los provocadores. Esas gentes que se inventan un personaje para hacer no lo que desean sino lo que se espera de ellos carecen de credibilidad. Al menos para mí.

Sin ánimo de entrar en la famosa polémica Fortes vs. García Montero, sí quiero dejar unas palabras dedicadas al primero de ellos quien, haciendo bueno el hispano aforismo que dice que hablen de uno aunque sea mal, predica con el ejemplo y se dedica a hablar mal de Lorca, de lo que ha hecho oficio.

Yo no sé si Lorca era o no buena persona. Lo que me importa del poeta es su obra. Si mintió o no me parece tan secundario que pensar que un profesor universitario le dedica una conferencia a aspectos como esos me parece un fraude, una estafa al erario público. De todas formas habría que ir más allá, y ya engancho con el comienzo de la entrada. Según Fortes, Lorca no sufrió en los últimos instantes de su vida. Para este hombre una detención ilegal, no es sufrir; Un secuestro por militares, no es sufrir; Vejaciones e insultos, no es sufrir; Maltrato psicológico, no es sufrir; Un paseo por el campo, con un retén de hombres armados por detrás, no es sufrir; Una ráfaga de tiros y un tiro en la nuca, no es sufrir.

Pues a pesar de lo que dice este hombre y aunque al parecer para él, el purgatorio de un fusilado sea como unas vacaciones en el campo, no le deseo jamás que le suceda algo parecido a lo que le sucedió a Lorca, más que nada por si le gusta y disfruta en exceso.

No me gustan los provocadores.

Un slaudo desde mi jardín.
Bomarzo

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domingo, 19 de abril de 2009

El Lector y el Che de visita en el sábado

Ha sido éste un fin de semana de mucho cine. "Che. Guerrilla" y "El Lector" hicieron de la tarde noche del sábado un espacio de muy buen sabor.

Sobre las perpecias del Che poco que añadir. Me gustó la cinta, rotundamente distinta a la primera parte en prácticamente todo. La peli ha supuesto para mí un acercamiento a la figura del guerrillero, situada en una justa medida que, en mi caso llega a la admiración, aunque ello no implique que desapruebe muchas cosas de su biografía. Sólo cabe decir que Benicio del Toro está IN-CON-MEN-SU-RA-BLE.




La sesión continua se completó con "The Reader". La película me dejó varias preguntas y una terrible frustración, quizás dos.

Las preguntas: ¿Es bueno amar tan de verdad? ¿El amor así entendido no es siempre destructivo? ¿Existe ese tipo de amor? Y en caso de que exista, ¿lo perdona todo?



La reflexión. Por qué todos los países de nuestro entorno han sido capaces de enfrentarse cara a cara con su pasado, sentando en el banquillo de los tribunales a los verdugos y en el mío, por sólo pensar esto que escribo, seguro que me llaman revisionista, o recibiré comentarios parecidos a "deja a la Historia como está" o "dejemos a los muertos en paz"...

Debería ser un pacto de Estado el que permitiera que todos podamos mirar a los ojos de nuestra historia sin sentir vergüenza o un terrible complejo de culpabilidad que en mi caso sólo se eliminará cuando sea desentarrado el último muerto de la última cuneta de España.

En cualquier caso, y volviendo al cine, ved la peli, merece la pena.

Saludos cinéfilos.
Bomarzo de sesión continua.


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martes, 14 de abril de 2009

14 de abril

Hoy es 14 de abril...

Porque hace 78 años se encendió una luz que iluminó la negra historia de España.
Porque hace 78 años España llamó, quizás por primera vez, con fuerza a las puertas de Europa.
Porque hace 78 años España fue vanguardia.
Porque hace 78 años quisimos ser todos iguales.
Por todos los que descansan en las cunetas y que hace 78 años soñaron con un mundo mejor.

Hoy es 14 de abril.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo republicano.

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miércoles, 1 de abril de 2009

70 años después de la Guerra Civil

A los 70 años de la finalización de la Guerra Civil, tal día como hoy, con un telegrama maldito -prólogo ejemplar de lo que vendría después- quiero pensar en los errores que no llevaron a esa tragedia, enseñanzas para otros muchos años después.

Porque quiero imaginar que en Chile, aquel 11 de Septiembre de 1973, Allende pudo pensar en el drama español. Todo fue muy parecido. Allende y la República atacaron con dureza los privilegios de la clase dominante. La Iglesia, los oligarcas, la derechona en definitiva, no podía permitirse perder lo que durante siglos y a costa de mucha sangre, habían amasado con las manos hambrientas del pueblo. Y como la derecha más rancia no sabe oponerse si no es odiando, odió hasta levantarse en ambos lugares poniendo el punto de mira en aquéllos que por fin disfrutaban de una vida distinta.



Sin embargo Allende se quitó la vida y con ese gesto evitó lo que en España fueron tres años de matanzas y una represión postrerior de 40 años.



Hoy día, en España intentar poner sobre la mesa la visión de los que perdieron es motivo de irritación conservadora. Hoy, seguimos sin ser capaces de mirar cara a cara en nuestro pasado. Sin embargo en Chile lo han hecho de forma valiente y decidida. Tal vez sea ese otro legado más de Allende y su gesto para evitar una guerra, que no miles de muertos, pero siempre menos que los millones de españoles que alimentan la seca tierra de esta piel de toro tan acostumbrada a odiar.

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domingo, 22 de febrero de 2009

CUAVERSOS: HOMENAJE A MACHADO

Hace 70 años. Tal día como hoy. Francia. Varias semanas, varios meses huyendo. Durísimo periplo desde Valencia hasta la frontera en Portbou. Mayor, cansado, derrotado. Toda su ilusión política, todo su amor a una España republicana y democrática quedó sepultado por toneladas de escombros, sonido de sables, gritos bravucones de militarones golpistas y una larga fila de vidas perdidas que comienzan un largo exilio que durará varias vidas.

Entre ellas la de Machado, cabeza visible de una familia descompuesta. Con su primer pie puesto en suelo galo comenzó el final de su vida. Sólo descontaba horas para llegar a su cita con la parca, a la que ya vió la cara reflejada en millares de ojos carentes de luz tras tres años de guerra entre hermanos. Antonio usó de su arma más certera, pero sin creerse más importante que nadie. Lo importante era la República, la democracia, la libertad.

Hoy, 70 años después, su cuerpo sigue enterrado en Francia. Eso es una afrenta, una sonora bofetada a esta España desmemoriada que, de tener algo de orgullo, ya hubiera reclamado para su subsuelo el inerte cuerpo en la que reposa la sonora voz del poeta. Nadie reclama su legado. El silencio se pasea por esta efemérides, silencio ominoso que debiera ser grito en nuestra conciencia. Antonio Machado no puede pasar ni un minuto más enterrado en Colliure. Han sido muchos días siendo cubierto por "el polvo de un país vecino". Pero nadie reclama su persona, su figura, su obra 70 años después de su muerte.

La blogosfera está compuesta por millones de bitácoras. Hoy seremos una mínima parte de ella la que reivindicará su nombre dejándolo xerigrafiado en una de las calles virtuales por las que circula el cariño de esta comunidad bloguera en la que don Antonio ocupa un espacio. Gracias a todos los que os sumáis a esta idea y la hacéis propia. Gracias a Antonio y a Alberto por recodarlo. Y gracias a don Antonio por su ejemplo, por su palabra, por su compromiso y por haber dejado entre nosotros la vida de un verso eternamente joven del que siguen brotando sones de esperanza para los que creemos que la libertad es el único camino posible para el hombre.



Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo machadiano.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

El pasajero de Montauban. Homenaje a Azaña.

Tenía ganas de volverme a enfrentar a la dura prosa de un hombre por el que siento una profunda admiración intelectual. José María Ridao es una de esas personas con las ideas más claras y que mejor sabe expresarlas que te puedes encontrar, no sólo en las tertulias radiofónicas, sino en las páginas de interesantes trabajos literarios que, a través de una severa erudición ayudan a arrojar luz sobre puntos oscuros de nuestra historia. Puntos que la rutina del paso del tiempo han convertido en verdad inmutable, casi indiscutible, dentro del marco indeseable de lo políticamente correcto.

Azañista confeso y convicto, Ridao quiere destripar mitos y sacarlos de la apariencia de verdad en la que se han movido tanto tiempo. Parte de eso es “El pasajero de Montauban”. Un libro de viajes sobre viajes. Eso hace el autor, viajar dentro del viaje que otros hicieron antes comprando épocas, ideas, prejuicios y mentes. Es la segunda vez que me acerco a este libro. Quería recordar los argumentos con los que Ridao sacude las estructuras de la Generación del 98 y el daño que, a su juicio, las tesis regeneracionistas y españolistas de estos autores dañaron al país y, más concretamente a una Castilla demasiado atada por los conceptos noventayochistas, que la dejaron de espaldas a la España plural que negaron los vencedores de todas las batallas.

Pero también quería recordar las formas con las que Ridao pone en su sitio a un Camilo José Cela hiriente con el débil y displicente con el que manda en su “Viaje a la Alcarria”.

Aunque si por algo merece la pena viajar por los viajes de este autor es por navegar en especial por los dos últimos capítulos, hilados con verdadero primor e interconectados por las vicisitudes históricas. En ellos se entrelazan los periplos de Walter Benjamín y de Manuel Azaña, en ambos casos metáforas de dos bandos derrotados y sin rumbo. Sin embargo, como admirador profundo de la desconocida figura de Manuel Azaña, merece muy mucho la pena acercarse a la visión que del último Presidente da Ridao, al que la Historia de España le debe una severa disculpa deshaciendo los nudos perversos que la inquina del vencedor y de los bandos derrotados ataron en torno a su figura.

Merece la pena acercarse a José María Ridao y mirar a los ojos de Azaña a través de los suyos.


Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo en memoria de Azaña.



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lunes, 1 de diciembre de 2008

Memorias y olvidados

Este fin de semana, El País publicaba una interesante reseña sobre un libro publicado por Jordi Albertí i Oriol, titulado "La Iglesia en llamas", en el que estudia la represión sufrida por el clero durante la República y la Guerra Civil.

Quedo a la espera de las declaraciones de Rouco pidiendo al autor del libro que olvide, que es lo mejor para poder seguir adelante, que no se puede construir si hundimos los cimientos en el frágil suelo de la memoria. Mientras espero esa frase del cardenal, me sobrecojo con el texto de Foces en su blog y pido perdón por todos aquellos que van a seguir sepultados en las cunetas, muchos de ellos empujados a ellas por personajes que lucharon bajo el amparo que da la bendición de luchar en una Santa Cruzada, bendecida por la Santa Madre Iglesia española. A todas estas mucho se preguntan todavía que a quién le puede ofender la presenciad e un crucifijo en las áulas públicas

Hoy es el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA. Nuevos muertos condenados por la Iglesia que nos pide olvidar, incluso olvidar a estos enfermos del pecado, de la depravación, del vicio, a los que la Iglesia echa de nuevo a las cunetas de la desmemoria. Seguro que dentro 500 años pedirán perdón, que ya saben eso de más vale tarde que nunca.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo contra el olvido.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

La Buena Nueva

17 de julio de 1936. Pueblo de gobernanza socialista en la muy católica y carlista tierra navarra. ese es el contexto en el que sitúa el comienzo de la película "La Buena Nueva", la última cinta de la directora Helena Taberna. Un inciso, esta mujer es sobrina del sacerdote que inspira la historia, conocido como el cura de Alsasua.

Se trata de una extraordinaria película. Sin duda. Una historia muy bien contada aunque, para mi gusto le sobra el componente romántico del asunto. El estreno de la cinta ha coincidido con una época en la que algunas frases del guión cobran una fuerza inusitada. Por ejemplo cuando don Miguel, el cura, ante una fosa común dice "nadie podrá devolverles la vida, pero no podemos evitar que mueran dos veces por el olvido".

"La Buena Nueva" cuenta la historia de la vida en un pequeño pueblo navarro durante la guerra civil. No había batallas, no se estaba en vanguardia, pero había miedo, mucho miedo. Y ese clima lo sabe recoger muy bien la directora de la película. Delaciones, persecuciones, paseos, asesinatos. Si por algo, a mi torpe juicio, destaca la historia es por reflejar precisamente esa situación, calcada en miles de pueblos de las dos zonas, que supuso una auténtica guerra psicológica para los que día a día se acostaban sin saber si sería el último.

Pero no se puede obviar que hay otra historia, la de la Iglesia y su posicionamiento en el conflicto. Hace poco le comentaban a Rigo en su blog que el Papa estuvo a punto de excomulgar a Franco.

Y de no ser porque el tema es muy serio se me hubieran caído lágrimas de risa. El cura de la peli que, recordemos, está basada en hechos reales, se puso de lado del débil, con independencia de su ideología, actitud que hubiera sido la deseable en el resto del clero, pero no sólo durante la guerra, sino en toda la historia de España, lo que le habría evitado seculares odios y revanchas desproporcionadas aunque no exentas de cierta justificación. El obispo de Pamplona pronunica dos frases épicas durante la peli. En una dice que "La Iglesia siempre está con el poder legalmente establecido, aunque no es menos cierto que la República era un régimen legal...". En la otra le dice a don Miguel "ya está usted otra vez con el cuento ese del Evangelio y no se da cuenta del daño que le hace a la Iglesia". Curioso, verdad?

Unax Ugalde hace un papel excelente, como el resto de los actores. La banda sonora, muy buena. La fotografía, impresionante. La historia, genial. Merece la pena ir a verla y sería de obligado visionado para chavales de 15 años en adelante. Les ayudaría a conocer que eso pasó y que no fue como muchos dicen.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo en el cine

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (y V)

Quinto y último capítulo del relato "Muerte de un Poeta".

El cigarro se le cae de las manos justo cuando la brasa empezó a quemar la piel de sus dedos. No se queja. No tiene vida. Toma el libro. Coge la pluma y escribe. Lejos quedaron otros autógrafos en otras orillas del mundo, cuando todo parecía imposible, cuando todos se creían inmortales. Al instante llega un retén de tres hombres también con camisa azul. Una de las caras que llega le resulta tan conocida que casi empieza a comprender. El resto se ríe e insulta. Nada nuevo.

Fuera hace frío. El cojo ya está en el camión. Junto al poeta suben otros dos hombres de afilada figura y tauromáquico gesto, afilados como un arpón. El del rostro reconocido se presenta junto al mismo hombre que le detuvo hace dos días o dos años. El tiempo se confunde. Los dos se miran. Uno de ellos, no sé quién, le dice: “Camborio, flor de la raza calé, te voy a meter una bala por cada uno de los insultos a la guardia civil que has escrito. ¿Dónde están ahora tus amigos, tus manifiestos, tus versos de mierda? Nadie se acordará de ti dentro de un rato.”

El joven soldado se quedó un rato más en la celda. Enciende otro cigarro disfrutando de su victoria. Saca el libro del bolsillo exterior de su camisa azul y busca la dedicatoria. Es el segundo libro que tiene dedicado por el poeta, ese poeta al que acaba de humillar restregándole su superioridad. El segundo libro firmado y qué contextos más diferentes. .

Bajo el título del libro pudo leer, al tiempo que se oían cuatro disparos que rompieron el aire y anunciaban el amanecer de una nueva Patria: “Con la certeza del que sabe que nunca más volverá a verte. Con los alfileres de la muerte clavados en mis dedos. A la hora que las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora. Con el mayor de mis desprecios… El poeta… A 18 ó 19 de agosto de 1.936”.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (IV)

Penúltimo capítulo de Muerte de un Poeta. ç

IV. El poeta coge el libro. Recuerda los tiempos de risas de aquellos versos. Recuerda los laureles del éxito, la fama que empezaba a vestirle con trajes caros y le conducía a la portada de periódicos de todo el mundo. Recuerda su teatro universitario, los reproches de los que consideraron aquel libro poco vanguardista, demasiado “folklórico”. Recuerda también los primeros reproches, los primeros insultos, las primeras amenazas que llegaban con voz de miguelete, mostacho agresivo y lenguaje soez. Recuerda al Camborio, a la flor de la raza calé, a Soledad Montoya, a su caballo verde…

- No tengo pluma. Entenderás que no pueda firmártelo ahora-. Esa frase suena a reproche más que a disculpa, pero no está en situación de poder recriminar nada. Sabe que su vida ya no está en sus propias manos y conoce la violencia de los que, como aquel soldado, llevaban una camisa azul. Por un momento quiere hacer valer su amistad con el más importante portador de camisa azul de la ciudad, en cuya casa estaba escondido horas antes, pero no quiere comprometer más a esa familia.

Acepta fumarse un cigarro. A pesar del rechazo inicial debe reconocer que la ansiedad le domina y necesita calmarla.
- ¿Qué me vas a rezar, soldado?- Hace tanto tiempo que no reza que duda que, llegado el momento, se acuerde de alguna oración coherente.

- Yo no soy cura para enseñarle a rezar nada, poeta. En cualquier caso lo único que podría rezar con usted es un Páter Nóster. De todas formas, todos los que son como ustedes no tienen palabra. Se terminan por acobardar-. El soldado le dice eso último mirándole a la cara fijamente.

- No te entiendo-, responde el poeta extrañado, sintiendo de nuevo el pavor recorrer cada milímetro sucio de su maltrecho traje claro. El soldado se lo escupe a la cara.

- Los rojos como usted, por muy ilustrados que sean, por muy descreídos, cultos y republicanos que se sientan… al final rezan, al final acuden a Dios-. El monólogo se carga de odio. – Yo le he admirado, poeta. En el bachiller escribía versos y, a pesar de las inmoralidades que usted ha escrito, a pesar de que en casa no podía mencionar su nombre sin que mi madre me mirara con asco, recordando la parte más oscura de su familia, a pesar de todo ello, digo, le admiraba. Admiré sus versos y su teatro. Leía el panfleto ese dirigido por su amigo solamente por saber los éxitos que atesoraba-. El poeta siente que las tripas se le revuelven. Miedo, asco, rencor… todo se suma en un estómago vacío. El joven y futuro victorioso continúa. –Usted no se acordará, pero un día, mientras se reía en una mesa del café en el que tertuliaban usted y muchos que como usted se han escondido ahora ante la realidad de la nueva Historia que escribiremos, yo le observaba con toda atención. Usted mariposeaba, fumaba, bebía, opinaba, reía, criticaba, imitaba y yo le miraba. Me firmó un ejemplar de una de sus obras de teatro, la de la heroína, en la que se mofaba de los valores que volverán a hacer de esta Patria lo que nunca debió dejar de ser. Hoy, poeta, usted, como esa heroína, espera su garrote entre lágrimas. Nadie le mandó bordar ninguna bandera con los oropeles del insulto y el menosprecio hacia aquello que le permitió llegar a lo que fue; nadie le mandó criticar a su propia gente tras el escudo del éxito y la tribuna cobarde de la fama; nadie le mandó exhibir sus desviaciones, poeta. Considere lo que le pasa como la expiación de su pecado. Y ahora, poeta, dedíqueme el libro. No se preocupe por la ausencia de pluma. Yo le dejo una-.

El poeta escucha esas palabras con la quietud del reo que oye al juez dictar la sentencia de muerte. De hecho, es la primera de las balas que atraviesa su alma en aquella noche de agosto que pronto tornaría luz por tiniebla. Se descerrajó el primer disparo por la boca de un niño con camisa azul, cargado de odio, de lengua afilada, de ideología destructora.

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miércoles, 12 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (III)

Puntual a su cita, llega la tercera parte de "Muerte de un Poeta".

El soldado consiguió encender el cigarro y expulsa el humo de una larguísima primera calada. Se da la vuelta, observa aquella celda como si fuese la primera vez que ponía sus pies en ese hediondo lugar. Apenas hace caso a los ruegos del poeta, a sus llantos. Sólo le dice que llorar no era de hombres, pero que en su caso era normal que lo hiciera. Sus jefes le han dicho que venía un poeta maricón y que, por tanto, no es de extrañar ese espectáculo tan femenino a su juicio. De todas formas, el soldado se vuelve hacia él y le pone la mano en el hombro.
-He venido para ayudarle a rezar-dijo el joven soldado- y, de camino para que me dedique este libro que, si no me equivoco es suyo-.
Rezar… Café… Qué relación podía haber entre esas dos palabras malditas, tan alejadas la una de la otra y que en boca de este soldado se unen en un matrimonio lúgubre y siniestro. En la mente del poeta, una y otra llevaban estrafalarias ropas. “Rezar” iba vestida de negro, un riguroso traje negro, enjuto, de paño grueso, algo roído por la polilla y con caspa en los hombros. A la palabra “Café”, en cambio la vio de largo vestido blanco y un brillante y oscuro tricornio de guardia civil. En la boda entre ambas palabras, un sacerdote vestía con camisa azul y tenía la misma cara del soldado que le acompañaba en su celda, y una partida de gitanos ponía los cantes: martinetes, segurillas, soleás… todos cantes jondos y tristes. Al final de la ceremonia, los gitanos se levantaban y mostraban sus manos esposadas, encadenadas, mientras el cura apuntaba con su máuser y disparaba sin dejar a nadie vivo. La pareja de recién casados aplaudía ante el teatral espectáculo.

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martes, 11 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (II)

Segunda entrega de Muerte de un poeta.

Suena el cerrojo de la puerta. Inmediatamente se pone de pie. Tiene miedo. Mucho miedo. No quiere pensar, pero lo hace. Sabe, por lo que ha oído, por lo que le han dicho, que le tienen ganas. Un militar se asomó a su celda del gobierno civil y, sonriendo, pronunció un “que se lo lleven en el próximo camión” que no le gustó nada. No sirvió de mucho que preguntara a dónde iban a llevarle. Un simple “cállate, maricón”, bastó para comprender que era absurdo querer averiguar.
Se abre la puerta de la celda y un chaval de camisa azul, cara sucia y mosquetón brillante, de no más de 18 años, se queda entre las jambas. Lleva el fusil al hombro. Le mira como el que observa a un bicho raro. El preso no se atreve a decir nada. Está sucio, sabe que nadie conoce su paradero, no ha podido hablar con nadie de los suyos, intuye el fin, pero se agarra a la última esperanza, no quiere morir.

El soldado le pregunta: -usted es el poeta, ¿verdad?-. Eran las primeras palabras amables en tanto tiempo, tanto que no pudo evitar que se le escapara una sonrisa nerviosa en su respuesta.
–Sí. Soy un poeta, asustado, pero poeta-. Comprende que su interlocutor no es exactamente igual que los que ha tenido hasta ahora. Hasta ese momento nadie le llamó por su nombre sino “maricón” y las culatas habían caído con más frecuencia de la deseada sobre su espalda.
-¿Qué hago aquí? ¿Qué me va a pasar? – rogó el poeta.
- Le vamos a dar café- Respondió el soldado que había entrado en la celda y se le acercaba con un pitillo en las manos que le ofrecía con rudeza.
“Café. Me van a dar café”, se repite sin cesar. “No quiero café”, quería gritar. Sólo quiere salir de allí, volver a su casa, irse a Madrid, a Argentina, a la esquina opuesta de aquel mundo en el que cayó como si de una brizna de pan se colara por un sumidero, en mitad del remolino de agua que provoca un tapón que descubre la salida. Rechazando el tabaco y con los ojos llenos de lágrimas mira al soldado, que se enciende el cigarro con una parsimonia casi mística con un extraño encendedor de yesca, le dice: -No quiero morir. Me da miedo la muerte. Me queda tanta vida dentro de mi pecho que no quiero que se esparza por entre los olivos secos que he visto en la carretera y que la tierra quede yerma por el calor de mi sangre-.

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lunes, 10 de noviembre de 2008

Comienzo a publicar mi relato: Muerte de un poeta. Por su longitud, irá apareciendo todos los días, hasta el viernes, a las 16 horas. Espero que sea de vuestro interés.
MUERTE DE UN POETA (I)

Se cerraron las puertas del camión y fue como si una plancha de metal le cortara la cabeza. Apenas podía mirar al frente. Sus ojos dibujaban garabatos en el suelo. Tropezó con el escalón que daba acceso a la estancia, tan oscura como aquellas en las que había estado desde hacía dos días. Todo era oscuridad. El calabozo del gobierno civil, la parte de atrás de aquella camioneta, los ojos del cojo que se sentó a su lado… La costumbre hizo que no tardara en hacerse con las dimensiones de aquel nuevo lugar.

No sabía dónde estaba exactamente. Hacía fresco a pesar de ser agosto. Estaba en alguna sierra de las muchas que tenía la provincia, pero no le sonaba en exceso. Apenas habló con la lúgubre compañía que el destino y los hombres de azul le habían buscado para la ocasión. El cojo le miró como si le reconociera, pero su planta, su facha, su barba descuidada… Su imagen no era la acostumbrada de periódicos y entrevistas. Aún así, aquel hombre le miró, le miró como si le reconociera.

Separaron a los dos reos. Cada uno fue a una celda distinta, tan sucia como la del gobierno civil, como debían serlo todas las celdas del mundo. Apenas había comido en dos días. Algo de lo que le llevó la que fue su niñera y a la que el tiempo robó belleza a cambio de arrugas, pero que seguía oliendo igual que cuando le cogía en brazos y le regañaba por ensuciarse la ropa. Se mira de arriba abajo y se ve tan sucio que sabe que de volver a verla, su niñera se pondría muy seria con él.

Tiene ganas de orinar. Ha comprendido en dos días que pedir ir al baño sólo sirve de mofa y una excusa extraordinaria para ser objeto de insultos y vejaciones muy duras de soportar. Lo hace contra una de las paredes. La noche es muy oscura, pero no debe quedar mucho para que amanezca. Hace frío. Los pájaros se intuyen.
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lunes, 3 de noviembre de 2008

El cura de Alsasua

A la atención de algún responsable de la Conferencia Episcopal Española.

Leo con deleite -todo el que cabe ante una noticia tan trágica- la pequeña biografía que el diario El País le dedica al que bautiza (perdón por usar uno de sus sacrosantos conceptos) como el cura de Alsasua. No conocía su historia. De hecho no conocía la existencia de sacerdotes que, tal como hiciera este navarro, se pusieran contra la santa cruzada del 36, aquella que bendijeron con boato y devoción y por la que todavía no han pedido perdón.

Historias como estas ayudan. No sabía que, como hizo este hombre, existieran hreligiosos de Dios, del mismo que ustedes pregonan, a pesar de la enorme diferencias de discurso, que sin empuñar más arma que su evangelio, se colocaran frente a los compañeros que con alzacuellos levantaban su brazo derecho con la misma devoción con la que agitaban palmas un Domingo de Ramos.

Este descubrimiento, que ha sido llevado al cine, por cierto, demuestra que, una vez más, la historia de la guerra civil no está contada, que aquellos que defendemos una lectura con los ojos de ahora sobre aquellos hechos no estamos demasiado alejados de una hipotética razón, que los hechos históricos fueron burdamente manipulados por los vencedores y que los derrotados merecen el respeto del recuerdo, la justicia de la memoria.




Estimados señores de la Conferencia Episcopal, ya que ustedes están tan empeñados en elevar a los altares a Alexias y a mártires, ya que tan necesario consideran reconocer el supuesto martirio de unos hombres que, alineados con uno de los bandos, fueron asesinados, desde aquí abro una espita para que el cura de Alsasua sea también santo. Su martirio fue comprobar que su Jerarquía justificaba la muerte, que la palabra de su Dios se retorció para justificar lo injustificable. Como sus compañeros del otro bando, también murió. Murió el religioso, murió su fe. Como verán cumple con los requisitos para la beatitud.

Es muy probable que, si viviera ese hombre todavía no querría en lo más mínimo compartir santidad con aquellos de sus compañeros que mandaron en mensaje evangélico a hacer gárgaras y justificaron la muerte y el asesinato durante más de 40 años, dándoles tintes de cruzada o, incluso, como hizo el Cardenal Gomá, de "plebiscito armado".

Acérquense a la historia de este hombre, arrinconado por ustedes mismos, y, quizás lleguen a comprender la dualidad de unos hechos en los que da la sensación, ustedes se siguen moviendo como peces en el agua. Qué más da que ese agua esté manchada con sangre hermana... Para ustedes eso parece lo de menos.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo.


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lunes, 27 de octubre de 2008

El tiempo como limpiador

Todo vale. Cualquier argumento es legítimo si justifica el pim, pam, pum, al enemigo de la causa. Qué más da si lo esgrimido es un puñado de sal en una herida que no se cierra. Así plantea el diario El Mundo esta noticia en la que lo fundamental es desacreditar el auto de Garzón que persigue a viejos criminales de guerra.



Porque para El Mundo la edad es una eximente completa de cualquier fechoría que haya dado con los huesos en la fosa de cualquier ser humano, previamente detenido de forma ilegal. Lo que pasa es que hay un doble rasero que, sin duda, es muy peligroso y deja en evidencia al que pretende denunciar.


A mi juicio un asesino es un asesino con independecia de su edad. El asesino de la niña Mariluz lo sería menos por haber pasado 20 años desde que la matara y se le pillara en ese momento?

El Mundo pretende convencernos de que los venerables ancianos a los que entrevista han perdido cualquier viso de culpabilidad tras su aspecto frágil, de abuelo en el mejor sentido de la expresión, por el mero hecho del inexorable paso del tiempo. Sin embargo, si el detenido era un nazi, heptagenario, octogenario, todos debíamos alegrarnos pues caía un representante de lo peor que el género humano ha legado a la Historia. Para los que escriben en el artículo de referencia, imagino, no se puede comparar la muerte de millones de personas en campos de concentración, con el asesinato de cientos de miles de rojos que lo único que pretendían es sovietizar a la sacrosanta España, a quien, por mor de esa santidad, tiene sus cunetas repletas de muertos a los que dio la espalda, a los que sigue negando pan y sal.

A los que piensan que esos respetables abuelos no merecen castigo alguno, aunque sea una reprobación moral y pública de una conducta asesina, les pido que se acerquen a algún familiar de asesinado o represaliado y les diga, a los ojos, que la edad es un factor que limpia conciencias, una edad que, por cierto, arrebataron a sus víctimas con un tiro en la nuca.






Un saludo desde mi jardín.


Bomarzo con memoria
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