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domingo, 22 de marzo de 2009

Cofradías y Aborto

El mundo de las cofradías en varios rincones de nuestra piel de toro se moviliza ante el toque de atención felino dado por la Jerarquía católica, descontenta con la reforma de la ley del aborto que pretende llevar a cabo el gobierno ZP. Es una pena que la Iglesia no se muestre tan feroz en la defensa de los puestos de trabajo que se pierden por miles cada mes, pero las cartas de cada uno están claras y sobre la mesa. Nadie se puede sentir sorprendido.

Lo que de verdad me ha causado sorpresa han sido las declaraciones que ha dado hoy el presidente del Consejo de Cofradías de la ciudad de Salamanca. Este señor, como católico, dice que se siente ofendido, manifiesta que los suyos –los católicos- están hartos de aguantar ataques y que la reforma de la ley del aborto no sólo ha sido la gota que ha colmado la paciencia más ortodoxa, sino que exige una reacción contundente, inmediata, como la que muchas ciudades españolas, por medios de sus hermandades, planean.

Me da pena tener que decir esto que tantos años de mi vida le he dedicado a ese mundo en mi ciudad, pero puestos a usar argumentos de agravio podría decir que, ahora que viene la Semana Santa, son muchos los no católicos que se sienten insultados y ofendidos por la toma que hacen las cofradías de cada ciudad durante una semana completa. Son muchos los que se ofenden porque no pueden acceder a sus casas con normalidad, no pueden circular con normalidad, han de ver las calles sucias y se sienten agobiados por tener los accesos restringidos.
Odio la predeterminación. Me da miedo cualquier pueblo que se sienta elegido por un Dios. Los católicos llevan así muchos siglos, ofendiendo a los que no piensan como ellos. Su capacidad para sentirse menoscabados en su honor es directamente proporcional con la que exhiben para menoscabar el de los demás. Si quizás se ofendieran menos y dedicaran más tiempo de sus pías vidas a dejar de ofender a los demás tratando de imponer sus postulados, las cosas les iría mejor.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo asqueado.

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