
España, país cálido y temperamental debería aprender de fracasos anteriores y dejar los debates legislativos que se originan al calor de un titular. A todos nos crispa y sorprende –no necesariamente en ese orden- noticias como las que hemos conocidos estos días: menores que violan menores. Ahora, programas de televisión, tertulianos radiofónicos, abren debates que encajan a la perfección en los carrilles desiertos de la información que el verano erosiona y llena de polvo. Son los "tema tormenta". Explotan de repente, hacen mucho ruido, lo ensucian todo, crean algún destrozo, llaman la atención y se marchan.
Pasó lo mismo en el caso de la niña Mariluz. Todos pidieron cadena perpetua, sin entender lo que eso puede generar en un sistema penitenciario como el nuestro. Pero más allá de eso, parece que la cadena perpetua, en ese caso, iba a evitar que se produjesen más casos como los de la menor onuvense. La cuestión, creo yo, no es esa, sino preguntarse si realmente el sistema funcionará alguna vez tal y como definen sus manuales de instrucciones.
Ahora hablamos de
Estoy de acuerdo en un endurecimiento de las condiciones penales para determinados delitos, medidas que eliminen la sensación social de que estar en prisión es algo parecido a unas vacaciones pagadas, en algunos casos con vistas al mar. Pero jamás podré estar de acuerdo con iniciativas realizadas por el impulso de un titular o de un hecho concreto por muy macabro que pudiera parecer. El Ordenamiento Jurídico y los derechos individuales de todos me merecen un respeto enorme. Eso sin pensar en los daños que actuando así podrían ocasionarse y que nos llevarían a estar parcheando situaciones de forma continua.
Cartier escribe en este sentido y sobre este tema.
Un saludo.
Ampliar entrada