Reconozco que cuando vi la foto de portada de la edición de El País de ayer, la carne se me pusode gallina. Sí. Mi ramalazo anticlerical encendió las luces de alarma. Esa fotografía apoyaba una noticia cuyo titular venía a decir: Los obispos vascos piden perdón por no condenar un crimen franquista. Según pude leer, se refería al asesinato de varios sacerdotes afiliados al PNV.
Uno de los protagonistas de la instantánea era monseñor Setién quien cuando era alguien importante, negó la posibilidad de celebrar funerales en templos cristianos a determinadas víctimas del terrorismo de ETA. No hubiera estado mal que, en ese caso, también se hubiese pedido perdón.
No obstante, se me ocurre pensar que la Iglesia pierde mucho el tiempo en tonterías. Las almas de sus fieles estarían más tranquilas si sus pastores centraran sus esfuerzos en sus verdaderos cometidos y dejaran al César lo que es del César.Reconozco que la virtud exculpadora que el catolicismo –en general todo el cristianismo- otorga al perdón tócame en algunos casos los pies. Gracias a ella se han justificado grandes tropelías. Tal vez la Iglesia debiera permanecer al margen de muchas de las cuestiones por las que después ha de pedir perdón. Y eso cuando lo pide, claro. Porque, por decir que el Condón ayuda a propagar el SIDA, ¿pedirá perdón el Papa antes de pasar 500 años? ¿ Y a los niños de los que han abusado?
Tengo mis reservas.
Eso sí. La cúpula del PNV estaba en misa, como Dios y Arana mandan, dando la coartada necesaria para que el acto tuviese aún un sentido escénico mayor.
Ampliar entrada