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miércoles, 12 de agosto de 2009

lunes, 1 de junio de 2009

Feria del Libro de Madrid

Vengo feliz y amarillo de envidia. Feliz porque si yo creyera en Dios querría que el cielo se pareciera a una enorme biblioteca donde los libros estuvieran al alcance de cualquier mano.

Visitar la Feria del Libro de Madrid es navegar entre libros y escritores en el marco inimaginable del Parque del Retiro, el cual cobra una dimensión nueva plegándose a este nuevo uso.

Sin embargo, ese placer se constriñe al pensar en la Feria del Libro de mi ciudad. Hace unos años se intentó llevar a la Huerta de San Vicente -espacio que ocupa la residenca de verano de Federico García Lorca y su familia-. Duró dos ediciones. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Ni los libreros ni los políticos estuveiron a la altura de las circunstancias. Y hubiera sido fácil con tener algo de paciencia.

Al final será verdad eso de que todo es posible en Granada, hasta lo imposible.

Os dejo con la entrada visual de hoy.



Besos
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jueves, 23 de abril de 2009

Día del Libro

23 de abril de 2009. Día de San Jorge. Día del Libro.

Una aventura.
Un mundo por descubrir.
Una puerta trasera.
Un compañero de viaje.
Un espejo de retiradas.
Un lugar en el que ser feliz.
Un universo paralelo.
Un espacio para respirar.
Un punto de encuentro
Una excusa magnífica.
Una fuente de saber.
Un recreo necesario.
Un punto y aparte.
Un punto y seguido.
Varios puntos suspensivos.
Nunca un punto y final.
Siempre un punto y coma.
Un objeto que atesorar...

Todo eso y mucho más es para mí un libro. Me gustaría saber qué es para ti. Anímate, y deja tu huella en el Jardín. vale?

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo bibliofilo

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jueves, 26 de marzo de 2009

Liblogs. Tierra Firme

Llego tarde, pero llego. Soy de los que tienen cabeza para que el cuerpo les acabe en punta. Al menos eso siempre decía mi padre, a quien Dios guarde en su gloria, ya libre de piratas y corsarios y bucaneros, que maldita la diferencia que exista entre esas gentes, todas de mal vivir.

A muchos ya que no navego si no es por el placer de sentir el levante golpeando mi cara. Hoy, por fin mujer para siempre, Martín sólo ocupa un feliz espacio en mi memoria, cicatrizada como tantas otras partes de mi cuerpo, a fuerza de sal y yodo. La Chacona se ha convertido en un burdel de original factura, cuánto me enseñó mi señora madre. Su edad le impide surcar esos mares de Tierra Firme. Como le sucediera a mi padre el último año de vida, todo eran achaques y pérdidas de juicio –rumbo en este caso-, así que aprovechando los conocimientos que adquirí del oficio de meretriz, decidí llevarlas al mar y, claro está, aumentar los precios de los roces y amancebamientos por lo exótico del lugar en el que los hombres aliviaban sus deseos. A cambio, la mujeres mantenían el bajel como pocas ves estuvo cuando su proa partía en dos lar mar océana y sus bodegas escondían las armas del Rey negro y sus palenqueros…

Hoy, desde mi isla, yo, la señora Solís, rica hacendada y terrateniente orgullosa, en los postreros días de una vida vivida, cierro el último capítulo de mi historia…

Quién sabe. Quizás pudiera acabar así esta istría de fácil, muy fácil lectura, que sólo busca el entretenimiento y el amenazar un fin de semana de lluvia o un ir y venir en metro en el que, quizás el vagón se convierta en una galera y los empujones de la gente en abordajes piratas a la caza de increíbles tesoros escondidos en el fondo de mi equipaje.
Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo librero...

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jueves, 26 de febrero de 2009

Liblogs. Los renglones torcidos de Dios

Nota: No he podido terminar el libro por temas de trabajo.

Podría estar de acuerdo con el título del libro si pensara que Dios existe realmente. Porque achacar la locura a un designio divino podría comprenderse en el contexto de la época en la que se escribió la historia, pero ahora me parece absurdo.

Será porque me gusta lo extraño, lo distinto, lo heterodoxo, pero me atraen unas personas que son capaces de ver otros mundos. Desgraciadamente, cuando sus mentes han escapado puede que sea tarde para hacerles volver, pero los misterios que encierran esas cabezas y sus males son todo un reto, un camino apasionante para el lector.

A la hora de escribir esta entrada no sé todavía si Alicia está loca o no, si es una extraordinaria actriz o una paranoica de libro. Sólo sé que me enamoro de ella día a día. Me siento como César Arellano, absolutamente embriagado por la inteligencia desbordante de una mujer muy interesante. Es muy difícil no desear sentarte a su lado y mirar a sus ojos mientras escondes en su mano la llave de su celda y le abres la puerta del hospital indicándole la salida. Alicia, como la Castell son espíritus nada convencionales en un mundo extrañamente rutinario, a pesar de lo anormal de los comportamientos de sus habitantes. El Hombre Elefante moviéndose despacio, el de Cera rotundamente quieto, la Niña Oscilante y su émulo Rómulo... Todos hacen siempre lo mismo, aunque nunca sea nada igual...


Quiero dejar hoy una canción donde aparecen Alicia, Remo, Urquía, el falso mutista... Todos ellos se esconden en estos seis minutos de Isael Serrano



Pd.- Muchas gracias, Alberto, porque jamás me hubiese acercado a esat historia de Luca de Tena.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo libloguero


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martes, 17 de febrero de 2009

La alquimia de las multitudes. La vida atrapada en la Red.

Me declaro públicamente adicto a las nuevas herramientas. A pesar de haber sufrido en muchas ocasiones su reverso tenebroso, me siento como un Jedi usando las armas que me prestan estas tecnologías y huír del lado oscuro de la fuerza.

Me tenéis en facebook, en flickr, en blogger; tengo cuentas de correo en gmail y colaboro en una revista digital haciendo entrevistas que se suben como podcast; escucho música por Itunes; consulto mi cuenta bancaria por Internet y, ahora me encuentro descubriendo twitter donde me podéis encontrar tras este nombre @bomarzo -no termino de pillarle el punto a esta cosa "twittera". Hoy se presenta en Madrid este libro que nos avanza las amenzas de volcar nuestra vida a un espacio tan difuso con la Red. ¿Habéis pensado en todo lo que google sabe de nosotros?

Me pillaré este libro. Sin duda.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo "bloguerotwitteroflickero..."

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jueves, 29 de enero de 2009

Liblogs. Nana.

Es el sueño de cualquiera, porque no nos engañemos, quién no ha deseado alguna vez ver muerto a alguien, aunque haya sido un segundo. Es lo más fácil. Muerto el perro, se acabó la rabia. Nunca mejor dicho.

Es limpio. No deja huellas, quizás en la conciencia, pero esas no las ve la policía, al menos todavía.
Se me cuela un cabrón en el coche que, además me vacila por el retrovisor.
Y yo cuento uno, cuento, dos, cuento tres…
Decía que este ritual es el sueño de cualquiera. Es jugar a ser Dios. Porque Dios tal vez nos mate así, cantando una vieja canción África. ¿No dicen que el origen del hombre está en África ¿Y al hombre no lo creó Dios a su imagen y semejanza? Pues eso. Dios nos mata cantando canciones. Dios juega con nosotros y mientras nos tira por el váter, como a su mascota que ya no le hace gracia, canta canciones sacriciales africanas. Lo que no sé es si Dios contará uno, contará dos, contará tres… Tal vez no. De ahí las muerte repentinas.
Dios tiene derecho a equivocarse, también a cabrearse. Dios no ha sido siempre un hijo de puta.
Abro el periódico de hoy y dice:

HA ESTADO RECIENTEMENTE EN EL SALÓN “LA CELEBRACIÓN”

Si es así y le han salido urticarias en los genitales póngase en contacto con nosotros para poder entablar una demanda colectiva.

Abajo hay un número de teléfono. Junto al anuncio veo que Israel vuelve a atacar Gaza. Y cuento once, cuento doce, cuento trece….

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viernes, 16 de enero de 2009

Calle de Valverde

Aún no le tengo el punto pillado a las distancias en esta ciudad. O llego pronto o llego tarde. Anoche sucedió lo primero. El Metro me soltó en la Gran Vía 20 minutos antes de mi cita. De camino al número 32, lugar de encuentro, me topé con la calle de Valverde, vía que inspiró el libro de Max Aub que me acabo de leer. Decidí recorrer el centenar de metros escasos que tiene la calle en búsqueda de referencias al texto que aún anda fresco en mi memoria.


Comienzo el paseo contemplando un grupo de mujeres, de las que la tradición se animaba a tildar como de moral distraída o de vida alegre, apostadas en la esquina de Valverde con Desengaño. Cuatro mujeres que miraban a los peatones mientras apuraban los cigarros y un vaso de café humeaba en sus manos. Hablando entre ellas una me dedica una mirada y una sonrisa que es devuelta de un modo distraído, casi accidental, mientras sigo buscando referencias a la obra de Aub. Los anticuarios, las casa del huéspedes del libro no están. La arquitectura del lugar no habrá cambiado en exceso durante los más de 60 años transcurridos desde la publicación del texto, pero su aire no es igual. Gimnasios, exóticos bares de vida bohemia, tabernas irlandesas, salas de concierto y paredes grafieteadas han dibujado un paisaje urbano alejado de la historia de Mara, Feli, los Miralles, Cantueso, Dabella y demás ralea que paseaba por aquel Madrid que quería ser una gran ciudad. Hoy lo es y el peaje ha sido el de la desnaturalización, el de la transformación en otra cosa.

Aub volvió en los años 60 de su exilio mejicano y no tuvo más remedio que irse al contemplar lo lejos que estaba ese Madrid del otro que recorrió 30 años antes.

En esa calle Valverde no hay vestigio alguno de ese libro. Y me extraña porque Madrid es muy celosa de su Historia. Centenares de placas adornan fachadas recordando hechos históricos hasta el paroxismo, de modo tal que se recuerda si fulano de tal o mengano de cual meó en una determinada esquina. De hecho, la calle Valverde levanta orgullosa dos de esas placas, la recuerda a una fundadora de un convento mercedario a mitad de la vía, y, llegando a la calle Colón, la que nos anuncia la que fue morada de Rafael Bardem. Pero ni huella de Aub. Al igual que aquella generación de escritores, pensadores, intelectuales que fueron arquitectos y detonadores de la II República y que por estar en el bando derrotado han sido condenados a vagar por el sótano de la Historia de España a pesar de representar una de las mejores generaciones europeas en el seno del arte.



Al llegar al final de la calle giro sobre mis pasos y soy sorprendido por el rojo ojo del reloj del edificio de Telefónica que como el de Sauron se mantiene encendido para vigilar la noctámbula vida de los que con las primeras horas de la noche y sus fríos salen de su letargo para hacer de Madrid escenario de crápula sonambulismo en la cara B de la vida de esta ciudad.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo caminante.


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domingo, 4 de enero de 2009

Sábado de librería y pipa

Sábado. Llueve en Madrid como si fuese la primera vez que eso sucede. La jornada promete. Hoy, mi amigo Israel, cicerone en los artes de la pipa, repite ese rol para ilustrarme sobre las librerías madrileñas. Necesito hacerme con una. Ir a un lugar en el que poder remover, buscar, revolver, abrir, cerrar. Necesito oler a papel y escuchar la llamada de algún libro que se coloca, así, como sin querer, delante de mis ojos para que me lo lleve.


Israel sabe dónde va. Me va conociendo. Vamos en metro hasta el barrio de Argüelles. Aparecemos en la calle Tutor, casualmente en el mismo punto en el que me despedí de Martín el día que nos vimos en Madrid. Se abre una puerta pequeña, sacudo mi paraguas y lo meto en una papelera con una bolsa de plástico rosa que hace las veces de paragüero. Al levantar la cabeza descubro que he llegado al paraíso. Ante mí la librería Rafael Alberti. Me recuerda mucho a la Atlántida, en la Gran Vía granadina, lugar en el que me escondía cuando trabajaba en la SER. Ante mí miles de libros esperan desordenados para ser tocados. Si el cielo existiera debería parecerse a esto y Dios sería un librero, serio, circunspecto, que recomienda títulos por cada buena acción realizada, un lugar en el que a los pecadores se les recibe con libros de César Vidal.

Huele a papel y los ojos quedan borrachos ante los miles de lomos de colores que encierran tantas historias. Pronto yo cazador empiezo la búsqueda. En menos de 20 minutos me sorprendo con 8 libros en las manos: dos de poesía, una biografía, un ensayo y un libro curioso en el que un ruso habla de la Andalucía de 1931. Decido refrenar ese primer instinto y hago una criba. Al final me llevo al ruso, un poemario muy curioso relacionado con Federico García Lorca, un ensayo sobre la izquierda mejicana y las memorias de Dionisio Ridruejo. Sacrifico a García Montero, la biografía de Azaña, de Santos Juliá, y un libro muy interesante sobre Cánovas del Castillo y el pensamiento conservador español. Da igual. Desde hoy sé que esa librería va a ser importante en mi vida en Madrid. Ha nacido un vínculo, un nexo que mimaré con esmero y del que espero me reporte el beneficio de encontrar un mundo por descubrir escondido en el interior de un libro.

La ruta sigue por el barrio. Se visita Fuencarral, Magallanes. Vamos a cavas interesantes para los fumadores en pipa donde otro universo distinto promete. Encuentro un tabaco de Larssen muy especial y mientras buscamos de nuevo el Metro en la Glorieta de Bilbao, expulso una bocanada de humo, saboreo mi pipa y me digo: qué me gusta Madrid.
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lunes, 15 de diciembre de 2008

Gomorra

Realmente, cuando un tipo como Patón hace una crítica hay que ser muy osado para, el mismo día, meterse con la misma historia. Que conste que sólo la casualidad ha provocado que ambos, el mismo día hablemos sobre lo mismo. Poco puedo diferir con él sobre su visión de la película. Es larga. Muy larga. Y por momentos el tedio se apodera de uno y cuando una escena sucede a la siguiente deseas que el fin aparezca de una vez.


Sin embargo discrepo en que las historias que se cruzan durante toda la cinta carezcan de hilo argumental. Me da la sensación de que lo buscado con esta historia es dar a conocer la realidad de la mafia en una zona muy concreta de Italia. La mafia forma parte de la vida. Los que nacen en esos barrios la ven como un elemento más del paisaje, la asumen como un día de lluvia, es cotidiana. Hay diálogos que hablan de aspectos delictivos –como el del sastre amoratado y su jefe- delante de cualquier persona, sin importar lo que se dice ni ante quién se dice. No se oculta, no se esconde. Simplemente es. Quizás por eso no explica nada del porqué pasa lo que pasa. Pasa y punto.


Me gusta también que los mafiosos se presenten como lo que son, criminales. No hay glamour, el cual, desde un punto de vista romántico y cinéfilo, se puede extrañar (los Corleone, Toni Montana…), pero la verdadera cara es la que se ofrece: chándales, colgantes, tatuajes, horterismo…. No aparece ni un solo capo, ni un jefe. Intermediarios en una cadena de mando que desaparece hasta el infinito y que diluye cualquier responsabilidad dejando en manos de los más sanguinarios las decisiones más inmediatas. Sólo hay un “mafioso” en traje, don Franco, y siempre usa el mismo terno de lino en color marrón, salvo en su visita a Venezia.



El lenguaje cinematográfico usado es arriesgado. Que nadie vaya al cine a la espera de ver una peli convencional. De eso nada. Por un momento, la cámara al hombro y los planos subjetivos hacen que el espectador sea un personaje más de la cinta, como sucede en esos ambientes, en los que todos, unos por acción y otros por omisión, permiten que la mafia no deje de “trabajar”.

Repito, es larga y, en ocasiones tediosa, pero, creo que merece la pena acercarse a esta historia, ya sea a través del libro, que aún no tengo, o por una película valiente como esta “Gomorra” que durante más de dos horas te conduce a un suburbio napolitano, o de Madrid, o de Granada….


Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo en el cine.
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viernes, 5 de diciembre de 2008

El pasajero de Montauban. Homenaje a Azaña.

Tenía ganas de volverme a enfrentar a la dura prosa de un hombre por el que siento una profunda admiración intelectual. José María Ridao es una de esas personas con las ideas más claras y que mejor sabe expresarlas que te puedes encontrar, no sólo en las tertulias radiofónicas, sino en las páginas de interesantes trabajos literarios que, a través de una severa erudición ayudan a arrojar luz sobre puntos oscuros de nuestra historia. Puntos que la rutina del paso del tiempo han convertido en verdad inmutable, casi indiscutible, dentro del marco indeseable de lo políticamente correcto.

Azañista confeso y convicto, Ridao quiere destripar mitos y sacarlos de la apariencia de verdad en la que se han movido tanto tiempo. Parte de eso es “El pasajero de Montauban”. Un libro de viajes sobre viajes. Eso hace el autor, viajar dentro del viaje que otros hicieron antes comprando épocas, ideas, prejuicios y mentes. Es la segunda vez que me acerco a este libro. Quería recordar los argumentos con los que Ridao sacude las estructuras de la Generación del 98 y el daño que, a su juicio, las tesis regeneracionistas y españolistas de estos autores dañaron al país y, más concretamente a una Castilla demasiado atada por los conceptos noventayochistas, que la dejaron de espaldas a la España plural que negaron los vencedores de todas las batallas.

Pero también quería recordar las formas con las que Ridao pone en su sitio a un Camilo José Cela hiriente con el débil y displicente con el que manda en su “Viaje a la Alcarria”.

Aunque si por algo merece la pena viajar por los viajes de este autor es por navegar en especial por los dos últimos capítulos, hilados con verdadero primor e interconectados por las vicisitudes históricas. En ellos se entrelazan los periplos de Walter Benjamín y de Manuel Azaña, en ambos casos metáforas de dos bandos derrotados y sin rumbo. Sin embargo, como admirador profundo de la desconocida figura de Manuel Azaña, merece muy mucho la pena acercarse a la visión que del último Presidente da Ridao, al que la Historia de España le debe una severa disculpa deshaciendo los nudos perversos que la inquina del vencedor y de los bandos derrotados ataron en torno a su figura.

Merece la pena acercarse a José María Ridao y mirar a los ojos de Azaña a través de los suyos.


Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo en memoria de Azaña.



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jueves, 27 de noviembre de 2008

Liblogs. Entre limones

Hace dos semanas que me terminé de leer el libro que protagoniza los Liblogs de este mes. Quería que el tiempo dejara reposar la lectura y que así, sin el fragor de lo reciente, sin el calor de lo recién hecho intentar escribir una entrada sosegada con la esperanza de buscar un elemento inspirador que me ayudara a escribir algo.

No quería ser visceral, no quería dar la nota con un no, pero es que no, no me ha gustado. Y al final, el tiempo pasado lo único que ha hecho ha sido confirmar que la historia no me ha enganchando.

Lo siguiente que hice fue hablar con mis suegros. Le di el libro a mi suegra. Ella es de la Alpujarra y pretendí que ella me ayudara a comprender lo que con toda seguridad a mí se me había escapado. “Entre limones” ha sido uno de los libros más vendidos y no podía estar tan equivocado. Pero no. Mi suegra, tan alpujarreña ella, no ha visto su Alpujarra en ese libro. Así que nada. Tampoco pudo ayuda.

Así que no me toca otra que intentar justificar por qué no me ha gustado.

Primero, porque no se puede evitar el tufillo británico de un texto en el que se mira siempre por encima todo aquello que no lleva el marchamo de la pérfida Albión. El mundo se equivoca al conducir por la derecha y poniendo los volantes de los vehículos a la izquierda. Esa idea del ellos se lo pierden, tan británica, rezuma por el texto.

Segundo. No veo el optimismo por ningún sitio. El subtítulo del libro habla de la historia de un optimista. Dónde está ese optimista? A qué llama este hombre optimismo? Al menos lo hace con algo que yo no entiendo como optimismo, sino día a día.

Tercero. Da la sensación de que el libro, que no deja de ser una historia de ingleses contada para ingleses, quizás por ello no la entienda, es el recorte de un diario bien intencionado que un editor listo cortó y pegó oliendo el filón de ventas que finalmente convirtieron ese libro en algo muy conocido. Poco más. A esa teoría mía colabora un final insulso, insípido, intrascendente y que aportó bien poco a una historia cotidiana y poco excitante.

De todas formas quiero dar las gracias a los liblogs y a Toni por haberme acercado a un libro que en circunstancias normales jamás hubiese leído y que ahora puedo criticar, no desde el prejuicio, sino desde el conocimiento.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo agrio como un limón

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viernes, 21 de noviembre de 2008

El Caso Leganés

Ese es el título del último libro que me he leído. Lo edita Aguilar. Está escrito por el propio protagonista de la historia, un anestesista que en su etapa de director de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés, Madrid, fue acusado de sedar hasta la muerte a 400 personas. Cuenta con la colaboración del periodista de El País Oriol Güell.

La pobre apariencia formal del libro esconde la desgarradora historia de una caza de brujas en toda regla, y no lo decimos nosotros. Tampoco el propio doctor Montes, médico en cuestión, sino una cantidad de informes neutrales que fueron obviados por la consejería de salud de la Comunidad de Madrid, conducida en esa época por Manuel Lamela y que montó un circo mediático, sin pruebas, con mucha manipulación y la intención clara de acabar con un sector de izquierdas dentro de la sanidad pública madrileña.

Como digo, el texto es mejorable y podría estar mejor escrito. Al margen de ello es todo un manual de obligada lectura para todos aquellos que alberguen dudas sobre la realidad del sistema sanitario público madrileño, su cuestionamiento, las heridas que sufre de forma constante, en definitiva, su paulatino desmantelamiento.

La Comunidad lleva años erosionando un sistema cuyos principios de universidad y gratuidad se socavan al socaire de soflamas demagógicas que esconden una privatización encubierta, sobre la que ya ha alertado el Defensor del Pueblo ante denuncias de Izquierda Unida.



El doctor Montes, Luis Montes, lanza unos mensajes que debería estar situados en la cabecera de la cama de muchos políticos, no sólo de la derecha madrileña, que son el abecé del sistema público sanitario, un logro social, un tesoro del que no podemos prescindir, un bebé al que no debemos dejar de mimar.

Pero al margen de todo ello, el libro ayuda a entender las diferencias que existen entre la eutanasia y la sedación terminal, la necesidad que tiene la clase médica y la sociedad en su conjunto de afrontar de forma madura el proceso de la muerte. La ciencia y sus avances permiten evitar el sufrimiento innecesario, el encarnecimiento terapéutico, el dolor irresistible que podemos sentir en el tránsito final. Y esa posibilidad debe quedar alejada de cualquier posicionamiento moral e ideológico.


La persecución a la que fueron sometidos Montes y su equipo -y que a pesar de su inocencia demostrada jurídicamente, no ha costado cabeza política alguna- debería provocar un debate en la sociedad sobre el hecho de cómo queremos morir. La regulación de la eutanasia debe llegar, la sanidad debe permitir que, llegado el caso y a tenor de unas reglas, podamos determinar qué hacer con nuestra vida sobre la que nadie más que nosotros mismos debemos disponer. La supuesta objeción de conciencia a la que algunos médicos pretenden agarrarse implica su deseo de dejar en otras manos -divinas o terrenales- la decisión final sobre nuestra propia muerte. Otro tanto sucede con las sedaciones, sobre las cuales ni siquiera debe haber debate pues está regulado y cualquier negación médica a llevarlas a cabo previo consentimiento familiar, debería ser considerado, como mínimo, como negligencia.

No estaría de más que acudiéramos a ese libro y que al leerlo recordáramos a Ramón Sampedro o a Inmaculada Echeverría y, al mismo tiempo, la importancia de mantener el sistema público sanitario que en Madrid empieza a ser desmontado con unos efectos, me temo, absolutamente perversos y, lo que es peor, irrecuperables.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo por la muerte digna.




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viernes, 31 de octubre de 2008

Una Reina nada "reinona"

Vicino Orsini nos deja. El objetivo se fija para la próxima cita de los "Liblogs", que será el 27 de noviembre y que nos llevará a un cortijo alpujarreño de la mano de un guiri muy especial. Ahora toca volver a nuestras rutinas, a nuestros debates, a nuestras reflexiones. Nos topamos con la realidad cotidiana que, sin duda, y sin negar el correspondiente impulso mediático, tiene como protagonista a Sofía, que ha salido de su mundo para hacerse carne mortal y mostrarse como ser pensante.


¿Sorprende a alguien que Sofía sea tan conservadora en sus postulados? Por educación y por función social no le queda más remedio que ser de derechas. Representa a la institución más conservadora, menos evolucionada, más arcaica de la Historia, que se basa en el Derecho Natural y la genética divina. No podemos esperar más. Quizás lo que más pueda sorprender es que con su fama de discreción -siempre se ha rodeado de ella-, con su "profesionalidad", a estas alturas de película le dé por decir lo que piensa.

Utilizando un lenguaje tan claro como inofensivo, lo que piense Sofía me da igual. No tanto lo que piense la mujer del Jefe del Estado, a quien la Constitución y el sentido común, además de la naturaleza del propio sistema monárquico parlamentario, le exige prudencia, neutralidad y discrección.

A falta de justificación financiera de sus gastos, no está mal.

Sin embargo, a sus 70 otoños, Sofía dice que no está bien eso de sentirse orgulloso de ser gay, que estos se pueden casar, pero que que no le llamen matrimonio, que el aborto es una barbaridad... Ella solita ha abierto la cajita de Pandora. Que se prepare pues, porque le van a dar estopa. Luego vendrán las denuncias por ofensas a la Casa Real, pero ¿quién denuncia a la Casa Real por las ofensas salidas de Zarzuela? Nadie. Sencillamente, no se puede.

Sea como fuere, a los colectivos que se sentirán -que se sienten- ya dolidos por las declaraciones de Sofía decirles que no ofende quien quiere, sino quien puede y ya estamos curados de espantos para montar numeritos de indignación. Todos tenemos derecho a opinar y, afortunadamente, Sofía no gobierna. Son otros los que lo hacen y han garantizado más derechos para los gays y las lesbianas, semántica al margen, y permiten que los homosexuales en España se puedan casar, contraigan matrimonio. Y ante eso, la realeza acata.


La que de verdad gana con todo esto es la escritora Pilar Urbano que verá crecer exponencialmente las ventas de un libro que, en circunstancias normales hubiera interesado a los lectores de Hola y poco más.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo cada más orgulloso de ser republicano .

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jueves, 30 de octubre de 2008

Bomarzo




Querido amigo. Querido desconocido.

Nevegando por los cursos de la Hitoria me topo con la feliz noticia de hacerte llamar como mi querido feudo, el mismo en el que duermen mis deseos de inmortalidad. No puedo negarte que la primera intención al ver tu firma fue de ira, de completa rabia y sentí el deseo infinito de buscar tu hacienda y arrasarla después de exigirte explicaciones y renuncias en tu condición de plebeyo. Pero las cosas ya no son así.

Quizás mi hermano Girolamo, tal vez mi padre, incapaces de ser conscientes de que nuestros pasos serán medidos con crudeza por el tiempo, seguirían reaccionando así. Hoy es imposible. Yo sé que el mundo ha cambiado, no tanto en el fondo como en las formas, la verdad.

Después, como pasa siempre, la tempestad de la rabia fue sustituída por la calma del conocimiento. Quise comprenderte. Me detuve a tu lado para conocerte. Las distintas vidas que he vivido han hecho esconder mi jiba y otros de los defectos que atesoraba mi cuerpo y con los que aprendí a vivir durante siglos. No me quedó más remedio. Por eso no me viste jamás.


Hoy, años después de saber de tu existencia contemplo que mi jardín, que mi vida ha servido de inspiración a una ilustrada corte que empieza a hablar de mi controvertida figura, atraídos todos por mi doble faz, en un intento maquiavélico de huir de lo que verdaderamente les atrae de mi figura, que no es otra cosa que mi propia condición humana, tan cercana a la de todos aqu´llos que se miran hacia dentro a través de los ojos de la verdad.

Me tocó vivir, quizás, la mejor época del mundo en el Estado más interesante del orden viejo. Sin embargo fueron los ojos de un hombre del mundo nuevo los que me condujeron a la luz pública y en él, con él, viví una segunda vida en la que mi jardín resucitó todos sus fantasmas, todos sus gigantes, todos sus miedos. Hoy, gracias a él, y en parte gracias a todos los que habéis hablado de mí, se ha logrado por fin que mi inmortalidad sea tan real como la muerte de mis hermanos, los excesos cometidos, mi odio a los Colonna, mis escapadas por Bomarzo para mancillar, violar, dar rienda suelta a mi sadismo.

Jamás me sentí con fuerza para coger una espada, pero fue el papel, por contra, quien me dio fama. Quién se acuerda hoy del maldito de mi padre, del muerto de mi hermano... Hoy, el jibado Orsini, eso sí, con la humildad de la que siempre careció, Pier Franceso Orsini, no sólo es capaz de nublar la vista del alma a quien por mis historia pide perdón a su madre por deudas nunca pagadas, sino que se encarama a lo alto de la Historia para recordar a todos que, pese a su miseria logró vestirse de ser inmortal en la gloria de la literatura.
Poco más te puedo añadir, amigo, aunque podría contarte tanto... Déjame sólo recordarte que siempre andaré cerca de ti pues tú y yo, no somos tan distintos.

Un saludo.
Pier Franceso Orssini, Bomarzo. >span>

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lunes, 6 de octubre de 2008

En busca de José Antonio

Hablo de libros. Después de devorar el escrito por Gibson sobre el hombre que detuvo a Federico García Lorca, sigo con páginas escritas por este irlandés, que ya no se sabe si es más español que "irish". Lo hago ahora con un trabajo que fue de los primeros que hizo a su llegada a nuestro país. Analiza la figura, creo que muy desconocida, de José Antonio Primo de Rivera.





Me acerco a este libro, no puedo negarlo, con algunos prejuicios hacia el personaje, aunque intento acceder a él de una forma pura, limpia, consciente de que no me va a convencer de nada, pero con la curiosidad de saber lo que pensaba aquel hombre que vivió una época muy interesante de la historia de España, que en parte la protagonizó y que, posteriormente, sus enemigos más cercanos se han encargado de desvirtuar hasta unos límites exagerados.

El padre del fascismo español, según Gibson, ni fue su padre ni su fascismo tuvo tanta importancia como él mismo creía. El fascismo llegó de la mano de otros. Su papel fue accidental, accesorio, de mera vanguardia, de puro choque, pero nada más o nada menos, según se vea. Fácilmente neutralizable, todos, el gobierno republicano y las propias derechas, anularon su posible fuerza con cierta facilidad. Su historia, da la sensación, fue un querer y no poder.



No sé qué hubiera pasado si José Antonio está en libertad en el momento del Golpe de Estado, para el cual tanto trabajó, pero una vez los militares en la calle, la Falange quedó inmediatamente difuminada, escondida en el paisaje que el franquismo dibujó y para el que decidió un papel de mero figurante. El sindicalismo, el obrerismo de derechas, al que tanto se acercó, por ejemplo Ramón Ruiz Alonso, no convenció a unos jerarcas que usaron a los falangistas como fachada, como imagen, como herramienta sin que jamás -afortundamente- pudieran desplegar sus teorías, tan cercanas al fascismo italiano.

Os recomiendo este libro a todos los que estáis interesados en conocer la verdadera dimensión de un personaje, alejada de hagiografos y exagerados propagandistas.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo librero.


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jueves, 25 de septiembre de 2008

El Principito


Compruebo con gran satisfacción que la iniciativa "liblogs" ha cuajado entre la comunidad y todos nos hemos animado a escribir sobre lo que el famoso libro de Saint-Exupery ha despertado en nosotros. Hasta ahora, todo lo leído ha merecido la pena. Claro, sesuda y dulce a la vez; Rigo es capaz de sacarse de su mágica chistera con olor a Ducados un nuevo capítulo apócrifo. Impresionante. Lía innova y nos regala fragmentos de vídeo de la adaptación cinematográfica del cuento. Patón, es el maestro y padre de la iniciativa. No se podía esperar menos de su entrada. Estoy deseando leer la de la madre de la iniciativa, Alfa, que nos regaló la oportunidad de acercarnos al Príncipito. Juan Antonio, por su parte, nos dibuja una bella melodía con palabras en su pentagrama que suenan como una dulce nana.

Llegados a este punto me toca decir algo que complemente lo ya dicho por mis compañeros. Arranquemos. A mí no me ha gustado. No me ha cambiado la vida, no me ha emocionado, no me ha dicho nada. Tal vez la necesidad de mirar siempre con ojos de niño para poder comprender que nada es tan complejo como lo hacemos los adultos. Nada más. Este niño hasta la muerte la ve con nulo dramatismo. En mi opinión este libro es un homenaje a Peter Pan y a los que también crecieron y dejaron de serlo.

Por desgracia ese es mi caso. Dejé de ser Peter Pan. He crecido. Eso no sucedió hace mucho tiempo, pero pasó. Ahora me cuesta trabajo ver el mundo como lo hacía no hace demasiado. Así que este príncipe salido de la mágica imaginación de un piloto en el desierto del Sahara, si llegara a tropezarse conmigo, me vería tan extraño, tan ajeno como al ávaro, al sabio, al farero... Ninguno de esos personajes logró traparlo en su planeta, salvo el piloto.





De todas formas, aunque el libro no despierte en mí grandes sensaciones no tengo más remedio que estar de acuerdo con él en la visión de las cosas -y de las rosas- que guarda ese niño en su tierna mente. Estoy convencido de que si todos fuésemos un poco Principito, el mundo iría mejor. Pero todos contribuimos para que sean los otros personajes -incluso la vanidosa rosa- los que marquen las pautas de conducta.


Poco más puedo añadir salvo la de agradecer a Jesús y a Alfa esta iniciativa que nos permitirá, el próximo mes volver a encontrarnos en torno a un libro.

Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo creció.

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lunes, 15 de septiembre de 2008

El hombre que detuvo a Lorca

¿Hablamos de libros? Bien. Es una buena idea. Este fin de semana he comenzado a destripar el libro "El hombre que detuvo a Lorca", del autor irlandés Ian Gibson. Los que me conocéis sabéis de mi obsesión por la guerra civil y la memoria histórica. Precisamente este libro habla de eso, de memoria histórica.


Sin ningún tipo de complejo, el hombre que más luz ha arrojado sobre el asesinato del poeta de Fuente Vaqueros pone nombres y apellidos a las entelequias que siempre han rodeado la muerte de Lorca. Y ya iba siendo hora de que los nombres de aquella burguesía -la peor de España, según el propio poeta-, la misma que le asesinó por ser maricón y famoso -esto último imperdonable en Granada-, salieran a la luz.

Gibson va más allá. No se limita a dar una relación de nombres, más o menos conocidos por todos ya, como si de un manual de Historia se tratara. Tras esos apellidos, Gibson sitúa una vida, una idea, un contexto que ayuda a comprender un poco más por qué Granada, sin estar a la vanguardia del frente fue una de las ciudades con un represión más cruel. Eso se debió a gentes como Ramón Ruiz Alonso, personaje de la derecha más recalcitrante, fascista mediocre, que lo detuvo y que, como se deduce del libro a tenor de otros testimonios, muy posiblemente también le denunció.

A Lorca se le acusó de ser un espía ruso en España, de tener una radio para comunicarse con el enemigo en Rusia, de ser enlace de las ordas rojas. Puro enmascaramiento, retórica belicista. La verdad de su detención, a pesar de no estar escrita en ninguna parte, trasluce detrás de los párrafos del libro de Gibson. Envidia, homofobia, rivalidades familiares, venganzas personales enconadas en lo más profundo de la resentida alma de primos lejanos, una "Casa de Bernarda Alba" demasiado punzante... Como véis poca política y mucha inquina.
Federico fue sólo un exponente, muy conocido, el que más, pero no difería en mucho de lo que le sucedió a miles de granadinos, no sólo durante esos días, sino a lo largo de los años. La guerra civil fue una excusa para vengarse, de lo que fuese.

Gibson pone cara a la represión en Granada. No sólo con Ruiz Alonso, sino Trescastro, desde Santa Fe, Nestares, los Rosales. Las siglas Acción Popular, particularmente sádicas en nuestra tierra, forman parte del tétrico imaginario granadino al que una vez más zahiere Ian Gibson con todo acierto y el máximo rigor. Un libro de fácil y apasionante lectura al que debemos acudir sin ningún tipo de tapujo.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo por Gibson


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miércoles, 27 de agosto de 2008

Todo está en los libros

Dentro de la sección de empaquetamiento en la que pretendo meter la vida de mis últimos seis años en cajas de cartón, he llegado al triste momento de subir a mi torreón y guardar todos y cada uno de mis libros. Llevo cinco cajas y todavía me faltan más de la mitad. No soy un gran lector, mucho menos desde que mi hija nació y, ahora, desde que estudio inglés por las noche. Lo mío va en otro sentido. Se podría definir como bibliofilia. Me encanta guardar libros, tenerlos, cuidarlos, sentirlos y mimarlos. Lógicamente, también leerlos, pero el mero hecho de tenerlos ya me produce un estado de felicidad.

Quizás por ello, tener que meterlos en cajas sea como encerrarlos, condenarlos a una ausencia de libertad que no sé cuánto tiempo durará. De todas formas no han sido todos. Alrededor de 25 han sido indultados. Soy afortunado al verme acompañado por esos libros en mi nueva aventura. Que nadie dude que ha sido bastante complicado elegir. Odio hacerlo. Es un verbo que odio: elegir. Mis manos, mis ojos querían acaparar más, pero la caja era pequeña y la orden de Mayte, tajante y razonada. Me conoce demasiado bien.

Al final me he decidido por unos cuantos que, considero imprescindibles. El primero ha sido BOMARZO. Por razones obvias, el libro que más ha influído en mi vida no puede faltar cuando empiezo a escribir un capítulo importante en ella. Se trata de la edición que me regalaron Susana y Gonzalo, a quienes siempre les estaré agradecido.
Llevo dos de Pérez Galdós, MIAU y TORMENTO, ambientados en el Madrid que será mi casa desde ya.
Mi tema favorito también se viene. La guerra civil y sus consecuencias cuenta con una amplia representación: VERANO DEL 36 EN GRANADA, de Manuel Titos, y los diarios de AZAÑA, conocerán mundo.
Josep Plá y Max Aub, se han colado en la maleta. Junto a ellos, Gibson y sus POETAS EN GUERRA y José María Ridao, un tipo al que admiro mucho. De él me llevo EL PASAJERO DE MONTAUBAN y ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN.

La poesía también se va de viaje. Una antología de Miguel Hernández y las obras completas de Antonio Machado, estarán siempre en mi mesita de noche.

Granada estará representada también por Irving y sus CUENTOS DE LA ALHAMBRA, mientras que novelas han caído LA COLUMNA DE HIERRO y EL CLUB DANTE.

Por último, de Joseph Pérez he tirado de LOS COMUNEROS, para releer cómo España casi se adelanta 200 años a los ideales de la Revolución Francesa.

En fin, pocos pero intensos. Escogidos a conciencia. Espero haber acertado.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo bibliofilo.
No olvidéis darle a ampliar entrada.




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