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viernes, 30 de octubre de 2009

La memoria de los Poetas. Lorca y Hernández

La fosa de Lorca comienza a abrirse en estos días y nadie sabe lo que esconderá en su interior. Una duda razonable hiela la respiración de los que esperan que el cuerpo de Federico aparezca. Y a mí, la verdad, es que me da igual. Porque la venganza del poeta granadino ya se ha consumado, no gracias a su familia precisamente, sino al propio poeta que con su sombra plateada de luna negra, marcó para siempre un paraje que, sin la duda sobre la presencia o no de sus restos en él, hubiera pasado desapercibido durante muchos años.

La sangre de Federico dio sustento a los miles que allí compartieron su maldito destino. Los asesinados en aquellos olivares tienen un nombre gracias a él. Con independencia de que sus huesos hayan abonado aquellas tierras, Lorca escribió su último y más sonoro poema con los gritos ahogados de los que siguieron abonando en tricolor aquellos olivos.

Pero no todos son Lorca. A punto de cumplirse el centenario de su nacimiento, otro poeta condenado a la muerte de Lorca, pero de forma más lenta, sigue constando en los archivos judiciales de España como sublevado, como un peligroso hombre aficionado a escribir. Miguel Hernández ha de ser ese otro nombre propio que, de una vez por todas elimine la bastarda etiqueta que cuelga de las tapias de los cementerios de aquellos fusilados, defensores de la democracia y podridos como "sublevados". La causa de la familia del poeta de Orihuela ahora es mía también. Y espero que sea también la de quienes entendemos la memoria histórica como el martillo que sitúe la Verdad en el lugar que merece y deje a mentira tan repetida, por militones y golpistas, en las cunetas de la vergüenza.


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lunes, 24 de agosto de 2009

Barranco de Víznar, una guerra contra el olvido

Han tenido que pasar 34 años para conocerlo. Nunca lo había pisado antes. Jamás mis pasos me condujeron a aquel entorno. Pero a los 34 años pude verlo. Imagino que era una curiosidad malsana la que me llevó hasta allí. Eso y unas ganas terribles de arrojar un puñado de tierra sobre ellos, sobre todos los que allí descansan en su escondido anonimato. Asesinados, pero siempre recordados.


La sugestión que provoca el lugar exige un silecio de cementerio. Algunos carteles colgados en los árboles nos recuerdan que los familiares de los "paseados" por allí desean que el paraje sea un camposanto y nos solicitan que nos comportemos como si allí estuviésemos. La respiración es demasiado sonora y sólo las chicharras del verano tienen licencia para cantar sus cantos secos. Sólo queda callar, callar para que las voces de los que allí han fortalecido con sus huesos los bosques de Víznar resuenen altas tirando de nuestra memoria.

Con un puñado de tierra en mis manos siento la manifestación de muertos ocupando las cunetas y la manta de aquellas madrugadas de miedo y muerte envuelve mis pensamientos.

Hoy leo que dentro de poco se abrirá la fosa en la que presuntamente descansan los restos de quien eleva el eco de aquellos muertos. Y hoy sé, después de visitar Víznar y su barranco, que me importa muy poco si Federico está allí enterrado o no. Lo único que sé es que junto a él, en Alfacar o en cualquiera de tantos lugares donde se asesinó impunemente en nombre de Dios y su Santa Cruzada, los españoles tenemos una deuda pendiente, una disculpa secular.


No sé el tiempo que estuve allí. Algunas fotos, mucho silencio, un nudo en el estómago, un lo siento insufienciente y, por último, sobre la cruz que sirvió de excusa para el asesinato y que cínicamente nos muestra el lugar en el que descansan 10, 100 o 1000, un puñado de tierra seca caída de mis manos que espera ser abrigo en la madrugada mortal de aquellos huesos.

Fotos: @bomarzo

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miércoles, 19 de agosto de 2009

Pepe Sacristán da voz a la memoria de Lorca

El pasado día 17 de agosto tuvo lugar el tradicional homenaje que la Diputación de Granada hace en Alfacar a la memoria de Federico García Lorca y al resto de los represaliados durante la Guerra Civil en la provincia. Este año, el encargado de poner voz -y qué voz- a la poesía fue el actor Pepe Sacristán.
Os dejo con un vídeo para que disfrutéis del momento...



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Granada Hoy

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jueves, 23 de abril de 2009

Fortes o cómo vivir a costa de Lorca

De entrada, no me gustan los provocadores. Esas gentes que se inventan un personaje para hacer no lo que desean sino lo que se espera de ellos carecen de credibilidad. Al menos para mí.

Sin ánimo de entrar en la famosa polémica Fortes vs. García Montero, sí quiero dejar unas palabras dedicadas al primero de ellos quien, haciendo bueno el hispano aforismo que dice que hablen de uno aunque sea mal, predica con el ejemplo y se dedica a hablar mal de Lorca, de lo que ha hecho oficio.

Yo no sé si Lorca era o no buena persona. Lo que me importa del poeta es su obra. Si mintió o no me parece tan secundario que pensar que un profesor universitario le dedica una conferencia a aspectos como esos me parece un fraude, una estafa al erario público. De todas formas habría que ir más allá, y ya engancho con el comienzo de la entrada. Según Fortes, Lorca no sufrió en los últimos instantes de su vida. Para este hombre una detención ilegal, no es sufrir; Un secuestro por militares, no es sufrir; Vejaciones e insultos, no es sufrir; Maltrato psicológico, no es sufrir; Un paseo por el campo, con un retén de hombres armados por detrás, no es sufrir; Una ráfaga de tiros y un tiro en la nuca, no es sufrir.

Pues a pesar de lo que dice este hombre y aunque al parecer para él, el purgatorio de un fusilado sea como unas vacaciones en el campo, no le deseo jamás que le suceda algo parecido a lo que le sucedió a Lorca, más que nada por si le gusta y disfruta en exceso.

No me gustan los provocadores.

Un slaudo desde mi jardín.
Bomarzo

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (y V)

Quinto y último capítulo del relato "Muerte de un Poeta".

El cigarro se le cae de las manos justo cuando la brasa empezó a quemar la piel de sus dedos. No se queja. No tiene vida. Toma el libro. Coge la pluma y escribe. Lejos quedaron otros autógrafos en otras orillas del mundo, cuando todo parecía imposible, cuando todos se creían inmortales. Al instante llega un retén de tres hombres también con camisa azul. Una de las caras que llega le resulta tan conocida que casi empieza a comprender. El resto se ríe e insulta. Nada nuevo.

Fuera hace frío. El cojo ya está en el camión. Junto al poeta suben otros dos hombres de afilada figura y tauromáquico gesto, afilados como un arpón. El del rostro reconocido se presenta junto al mismo hombre que le detuvo hace dos días o dos años. El tiempo se confunde. Los dos se miran. Uno de ellos, no sé quién, le dice: “Camborio, flor de la raza calé, te voy a meter una bala por cada uno de los insultos a la guardia civil que has escrito. ¿Dónde están ahora tus amigos, tus manifiestos, tus versos de mierda? Nadie se acordará de ti dentro de un rato.”

El joven soldado se quedó un rato más en la celda. Enciende otro cigarro disfrutando de su victoria. Saca el libro del bolsillo exterior de su camisa azul y busca la dedicatoria. Es el segundo libro que tiene dedicado por el poeta, ese poeta al que acaba de humillar restregándole su superioridad. El segundo libro firmado y qué contextos más diferentes. .

Bajo el título del libro pudo leer, al tiempo que se oían cuatro disparos que rompieron el aire y anunciaban el amanecer de una nueva Patria: “Con la certeza del que sabe que nunca más volverá a verte. Con los alfileres de la muerte clavados en mis dedos. A la hora que las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora. Con el mayor de mis desprecios… El poeta… A 18 ó 19 de agosto de 1.936”.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (IV)

Penúltimo capítulo de Muerte de un Poeta. ç

IV. El poeta coge el libro. Recuerda los tiempos de risas de aquellos versos. Recuerda los laureles del éxito, la fama que empezaba a vestirle con trajes caros y le conducía a la portada de periódicos de todo el mundo. Recuerda su teatro universitario, los reproches de los que consideraron aquel libro poco vanguardista, demasiado “folklórico”. Recuerda también los primeros reproches, los primeros insultos, las primeras amenazas que llegaban con voz de miguelete, mostacho agresivo y lenguaje soez. Recuerda al Camborio, a la flor de la raza calé, a Soledad Montoya, a su caballo verde…

- No tengo pluma. Entenderás que no pueda firmártelo ahora-. Esa frase suena a reproche más que a disculpa, pero no está en situación de poder recriminar nada. Sabe que su vida ya no está en sus propias manos y conoce la violencia de los que, como aquel soldado, llevaban una camisa azul. Por un momento quiere hacer valer su amistad con el más importante portador de camisa azul de la ciudad, en cuya casa estaba escondido horas antes, pero no quiere comprometer más a esa familia.

Acepta fumarse un cigarro. A pesar del rechazo inicial debe reconocer que la ansiedad le domina y necesita calmarla.
- ¿Qué me vas a rezar, soldado?- Hace tanto tiempo que no reza que duda que, llegado el momento, se acuerde de alguna oración coherente.

- Yo no soy cura para enseñarle a rezar nada, poeta. En cualquier caso lo único que podría rezar con usted es un Páter Nóster. De todas formas, todos los que son como ustedes no tienen palabra. Se terminan por acobardar-. El soldado le dice eso último mirándole a la cara fijamente.

- No te entiendo-, responde el poeta extrañado, sintiendo de nuevo el pavor recorrer cada milímetro sucio de su maltrecho traje claro. El soldado se lo escupe a la cara.

- Los rojos como usted, por muy ilustrados que sean, por muy descreídos, cultos y republicanos que se sientan… al final rezan, al final acuden a Dios-. El monólogo se carga de odio. – Yo le he admirado, poeta. En el bachiller escribía versos y, a pesar de las inmoralidades que usted ha escrito, a pesar de que en casa no podía mencionar su nombre sin que mi madre me mirara con asco, recordando la parte más oscura de su familia, a pesar de todo ello, digo, le admiraba. Admiré sus versos y su teatro. Leía el panfleto ese dirigido por su amigo solamente por saber los éxitos que atesoraba-. El poeta siente que las tripas se le revuelven. Miedo, asco, rencor… todo se suma en un estómago vacío. El joven y futuro victorioso continúa. –Usted no se acordará, pero un día, mientras se reía en una mesa del café en el que tertuliaban usted y muchos que como usted se han escondido ahora ante la realidad de la nueva Historia que escribiremos, yo le observaba con toda atención. Usted mariposeaba, fumaba, bebía, opinaba, reía, criticaba, imitaba y yo le miraba. Me firmó un ejemplar de una de sus obras de teatro, la de la heroína, en la que se mofaba de los valores que volverán a hacer de esta Patria lo que nunca debió dejar de ser. Hoy, poeta, usted, como esa heroína, espera su garrote entre lágrimas. Nadie le mandó bordar ninguna bandera con los oropeles del insulto y el menosprecio hacia aquello que le permitió llegar a lo que fue; nadie le mandó criticar a su propia gente tras el escudo del éxito y la tribuna cobarde de la fama; nadie le mandó exhibir sus desviaciones, poeta. Considere lo que le pasa como la expiación de su pecado. Y ahora, poeta, dedíqueme el libro. No se preocupe por la ausencia de pluma. Yo le dejo una-.

El poeta escucha esas palabras con la quietud del reo que oye al juez dictar la sentencia de muerte. De hecho, es la primera de las balas que atraviesa su alma en aquella noche de agosto que pronto tornaría luz por tiniebla. Se descerrajó el primer disparo por la boca de un niño con camisa azul, cargado de odio, de lengua afilada, de ideología destructora.

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miércoles, 12 de noviembre de 2008

Muerte de un Poeta (III)

Puntual a su cita, llega la tercera parte de "Muerte de un Poeta".

El soldado consiguió encender el cigarro y expulsa el humo de una larguísima primera calada. Se da la vuelta, observa aquella celda como si fuese la primera vez que ponía sus pies en ese hediondo lugar. Apenas hace caso a los ruegos del poeta, a sus llantos. Sólo le dice que llorar no era de hombres, pero que en su caso era normal que lo hiciera. Sus jefes le han dicho que venía un poeta maricón y que, por tanto, no es de extrañar ese espectáculo tan femenino a su juicio. De todas formas, el soldado se vuelve hacia él y le pone la mano en el hombro.
-He venido para ayudarle a rezar-dijo el joven soldado- y, de camino para que me dedique este libro que, si no me equivoco es suyo-.
Rezar… Café… Qué relación podía haber entre esas dos palabras malditas, tan alejadas la una de la otra y que en boca de este soldado se unen en un matrimonio lúgubre y siniestro. En la mente del poeta, una y otra llevaban estrafalarias ropas. “Rezar” iba vestida de negro, un riguroso traje negro, enjuto, de paño grueso, algo roído por la polilla y con caspa en los hombros. A la palabra “Café”, en cambio la vio de largo vestido blanco y un brillante y oscuro tricornio de guardia civil. En la boda entre ambas palabras, un sacerdote vestía con camisa azul y tenía la misma cara del soldado que le acompañaba en su celda, y una partida de gitanos ponía los cantes: martinetes, segurillas, soleás… todos cantes jondos y tristes. Al final de la ceremonia, los gitanos se levantaban y mostraban sus manos esposadas, encadenadas, mientras el cura apuntaba con su máuser y disparaba sin dejar a nadie vivo. La pareja de recién casados aplaudía ante el teatral espectáculo.

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lunes, 10 de noviembre de 2008

Comienzo a publicar mi relato: Muerte de un poeta. Por su longitud, irá apareciendo todos los días, hasta el viernes, a las 16 horas. Espero que sea de vuestro interés.
MUERTE DE UN POETA (I)

Se cerraron las puertas del camión y fue como si una plancha de metal le cortara la cabeza. Apenas podía mirar al frente. Sus ojos dibujaban garabatos en el suelo. Tropezó con el escalón que daba acceso a la estancia, tan oscura como aquellas en las que había estado desde hacía dos días. Todo era oscuridad. El calabozo del gobierno civil, la parte de atrás de aquella camioneta, los ojos del cojo que se sentó a su lado… La costumbre hizo que no tardara en hacerse con las dimensiones de aquel nuevo lugar.

No sabía dónde estaba exactamente. Hacía fresco a pesar de ser agosto. Estaba en alguna sierra de las muchas que tenía la provincia, pero no le sonaba en exceso. Apenas habló con la lúgubre compañía que el destino y los hombres de azul le habían buscado para la ocasión. El cojo le miró como si le reconociera, pero su planta, su facha, su barba descuidada… Su imagen no era la acostumbrada de periódicos y entrevistas. Aún así, aquel hombre le miró, le miró como si le reconociera.

Separaron a los dos reos. Cada uno fue a una celda distinta, tan sucia como la del gobierno civil, como debían serlo todas las celdas del mundo. Apenas había comido en dos días. Algo de lo que le llevó la que fue su niñera y a la que el tiempo robó belleza a cambio de arrugas, pero que seguía oliendo igual que cuando le cogía en brazos y le regañaba por ensuciarse la ropa. Se mira de arriba abajo y se ve tan sucio que sabe que de volver a verla, su niñera se pondría muy seria con él.

Tiene ganas de orinar. Ha comprendido en dos días que pedir ir al baño sólo sirve de mofa y una excusa extraordinaria para ser objeto de insultos y vejaciones muy duras de soportar. Lo hace contra una de las paredes. La noche es muy oscura, pero no debe quedar mucho para que amanezca. Hace frío. Los pájaros se intuyen.
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jueves, 16 de octubre de 2008

Luz a la memoria

Baltasar Garzón se ha declarado competente para conocer los fusilamientos y enterramientos que, primero la guerra civil y, posteriormente, el franquismo, agujereó el suelo herido de una España destrozada. El auto del juez ha pedido al ministerio correspondiente que, además identifique a los líderes de la Falange desde 1.936 hasta 1.951, a fin de determinar la responsabilidad a que hubiere lugar..

Para Garzón las detenciones arbitrarias, los interrogatorios secretos, los fusilamientos masivos fueron crímenes contra la humanidad y, destaca, que nunca han sido investigados por la Justicia española.

Es obvio que hoy no podemos esperar en la responsabilidad penal de nadie. Todos han muerto. La Dictadura fue demasiado larga. La transición nació con demasiados complejos. La preparación nacional para poder mirar de frente al pasado ha madurado demasiado lento. De todas formas a nadie se podrá negar ya, con el paso dado por Garzón, el resarcimiento moral por una muerte siempre injusta. La Historia de España, lejos de cerrar un capítulo con esta decisión, abre un capítulo de los más importantes: el de la justicia histórica, el de la liquidación de cuentas con una memoria histórica empujada por fuerza hacia una amnesia por fin mancillada.

Que el nombre de Lorca sea uno de los que, a partir de ahora resuene con fuerza en las investigaciones que desde hoy se abren, tal vez por encima de todos, no debe eclipsar un hecho fundamental: se dignificará la muerte de centenares de miles de personas que han vivido 70 años enterradas en la cuneta del oprobio, del desprecio, de la humillación más violenta, la de impedir el descanso en paz de un asesiando.

Hoy es un gran día para la memoria histórica. Pincha aquí.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo feliz.


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lunes, 15 de septiembre de 2008

El hombre que detuvo a Lorca

¿Hablamos de libros? Bien. Es una buena idea. Este fin de semana he comenzado a destripar el libro "El hombre que detuvo a Lorca", del autor irlandés Ian Gibson. Los que me conocéis sabéis de mi obsesión por la guerra civil y la memoria histórica. Precisamente este libro habla de eso, de memoria histórica.


Sin ningún tipo de complejo, el hombre que más luz ha arrojado sobre el asesinato del poeta de Fuente Vaqueros pone nombres y apellidos a las entelequias que siempre han rodeado la muerte de Lorca. Y ya iba siendo hora de que los nombres de aquella burguesía -la peor de España, según el propio poeta-, la misma que le asesinó por ser maricón y famoso -esto último imperdonable en Granada-, salieran a la luz.

Gibson va más allá. No se limita a dar una relación de nombres, más o menos conocidos por todos ya, como si de un manual de Historia se tratara. Tras esos apellidos, Gibson sitúa una vida, una idea, un contexto que ayuda a comprender un poco más por qué Granada, sin estar a la vanguardia del frente fue una de las ciudades con un represión más cruel. Eso se debió a gentes como Ramón Ruiz Alonso, personaje de la derecha más recalcitrante, fascista mediocre, que lo detuvo y que, como se deduce del libro a tenor de otros testimonios, muy posiblemente también le denunció.

A Lorca se le acusó de ser un espía ruso en España, de tener una radio para comunicarse con el enemigo en Rusia, de ser enlace de las ordas rojas. Puro enmascaramiento, retórica belicista. La verdad de su detención, a pesar de no estar escrita en ninguna parte, trasluce detrás de los párrafos del libro de Gibson. Envidia, homofobia, rivalidades familiares, venganzas personales enconadas en lo más profundo de la resentida alma de primos lejanos, una "Casa de Bernarda Alba" demasiado punzante... Como véis poca política y mucha inquina.
Federico fue sólo un exponente, muy conocido, el que más, pero no difería en mucho de lo que le sucedió a miles de granadinos, no sólo durante esos días, sino a lo largo de los años. La guerra civil fue una excusa para vengarse, de lo que fuese.

Gibson pone cara a la represión en Granada. No sólo con Ruiz Alonso, sino Trescastro, desde Santa Fe, Nestares, los Rosales. Las siglas Acción Popular, particularmente sádicas en nuestra tierra, forman parte del tétrico imaginario granadino al que una vez más zahiere Ian Gibson con todo acierto y el máximo rigor. Un libro de fácil y apasionante lectura al que debemos acudir sin ningún tipo de tapujo.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo por Gibson


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viernes, 29 de agosto de 2008

Lorca y su fusilamiento, de nuevo a debate.

Lo ha destacado Ideal en su edición digital de hoy, a última hora de la tarde. La familia de uno de los fusilados junto a Lorca, Dióscoro Galindo, quiere que Baltasar Garzón investigue su paredero.

Maestro de izquierdas, fusilado aquella noche del 18 de agosto del 36 en Víznar, su memoria grita a través de la voz de su nieta (en la imagen). La Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica se hizo para eso, para que gentes como Nieves saquen del oprobio y el olvido a quienes fueron asesinados.

De todas formas, el gesto de esta mujer no es uno más entre los muchos o pocos, desconozco el dato, que al abrigo de la norma se están produciendo en este país. La familia García Lorca, incomprensiblemente para el común de los mortales, siempre se ha mostrado reacia que se excarve en su fosa o se extraigan los restos del universal poeta. Esa circunstancia ha alimentado teorías de lo más disparatadas sobre el paradero de Lorca, de las que gentes, como el hispanista Ian Gibson , se han hecho eco en sus trabajos bibliográficos.
Ahora qué pasará con la familia. No pueden negarse a que, llegado el caso, el juez quiera abrir la fosa en la que está Dióscoro, un par de banderilleros y un poeta. ¿Y si no está allí Federico? ¿Y si sí reposa en ese lugar? ¿Qué pasará con la mitología en torno al de Fuentevaqueros? ¿Se acabará ese halo de misterio que envolvió su asesinato? Polémica habemus, seguro.

Desde este jardín sólo me queda animar, no sólo a Nieves, sino a todos aquellos que quieran recuperar la dignidad de sus muertos y sacarlos de las cunetas en los que que yacen con el orgullo agujereado, amedrentado por un tiro en la nuca. Su memoria es la nuestra. Su olvido es nuestra penitencia. Su recuperación nuestra redención.

Un saludo desde mi jardín.

Bomarzo por la Memoria Histórica.

PD.- Cuánto tiempo dirán los de siempre y el resto de la ciudadanía granadina, conservadora y amedrentada, hipócrita y farisea, aquéllo de "dejad a los muertos descansar en paz. A ellos les diría si dejaría a sus muertos tirados en una cuneta o intentarían dignificar su muerte.

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martes, 19 de agosto de 2008

18 de agosto

Ayer se cumplía el 72 Aniversario del asesinato de Federico García Lorca, y el banderillero, y el maestro, y... todos los que cayeron de manera denigrante en las cunetas de Alfacar. Como cada año, la Diputación de Granada organiza un homenaje, no sólo al poeta, sino a todos los fusilados, perdón, asesinados, en aquellos años. Flores, música y poemas.
Este año, el verso elegido fue de Celaya. Una serie de poemas inéditos y que editó la insitución provincial en una obra presentada hace poquitos días. La voz de esos versos fue la imponente del actor Manuel Galiana. La música llegó de la mano de un piano y del Romancero Gitano.
Os dejo con un vídeo que emitimos ayer en TeleIdeal Noticias y que está facturado por mi compañero y amigo Raffa Ávila.




Un lorquiano saludo desde mi jardín.
Bomarzo.
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