Queridos Reyes Magos.
Quedan muy pocas horas para que hagáis felices a muchos niños. También los adultos conocerán vuestra magnanimidad y se verán colmados sus deseos. Por ello, gracias. De todas formas, amigos –no me van los formalismos- no puedo dejar de pensar evitar en aquellos que no tienen nada y que ven esta noche con una normalidad que asusta.
Sin ilusión, sin esperanza, la jornada del 5 de enero es una más sin mácula en el calendario de sus rutinas. Alguna vez, como bien sabéis, he tenido el placer de ser vuestro ayudante yendo precisamente a esos lugares dónde nadie os espera y contemplar la cara de los niños que no dejaron de escribir una carta que no esperaba respuesta es una de las grandes satisfacciones que me llevaré de esta vida.

Hoy me quiero acordar de ellos y, permitid que en mi carta incluya esperanza para ellos, que el mundo sea un poquito mejor. Es fundamental que en vuestras alforjas traigáis un cambio de actitud en la raza humana, incapaz de hacer de este planeta un escenario óptimo para que la vida sea digna para todos. Es mi propósito este año, al que tanto miedo tengo, ayudar a hacer de éste un mundo mejor, más solidario, más comprometido. Ojalá me dejéis las dosis de motivación, empeño y ánimo que necesito.

Una última cosa, amigos. Vosotros sois de la zona y seguro que la conocéis mejor que yo, comprendiendo de manera más intensa la naturaleza de sus problemas. En cualquier caso no puedo evitar que piense en el dolor que seguro supone para vosotros el "alivio" que en vuestra carga de trabajo está provocando la invasión de Israel en Gaza. Allí son los niños las víctimas del genocidio. Israel sabe muy bien lo que hace. Se lo hicieron a ellos hace muchos años y lo han aprendido bien. Así que dejad paz en la zona. Es fundamental. Como favor personal os rogaría que, cuando paséis por Jerusalén o Tel-Aviv, cogáis al embajador español y lo saquéis de allí. A mi gobierno se le ha “olvidado” llamarlo a consultas, pero estoy convencido de que, como mínimo y ante tamaño atropello impune, es lo menos que podemos hacer.
Nada más. Buen viaje, feliz regreso y un saludo. Nos vemos el año que viene.
Bomarzo.
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