
Comienza el décimo mes del año. El mes del otoño. El mes en el que El Corte Inglés comienza a recordarnos lo cerca que está la navidad. El mes en el que no queda nadie de vacaciones. El mes que nos confirma que al año le queda un suspiro. Ah. También es el mes del Festival de Humor Gráfico que
Favelis organiza en Granada. Este décimo mes del año lo quiero inaugurar con una terna de poemas que escribí anoche. En lugar de leer me dio por juntar sueños y deseos. El resultado es lo que vas a leer a continuación.
I.- En Madrid no huele a sal
En Madrid no huele a sal
ni se oye el eco marino del viento.
No hay ni levante ni poniente.
Aquí el viento esquiva torres inciertas
y la luz se viste de un gris contaminado.
En Madrid, el sol no quema.
Dejó de hacerlo cuando lo encerraron
tras su cárcel de sombras de cristal,
mudas a pesar del ruído,
calladas a sabiendas de todas las palabras
que adornan sus fachadas frágiles,
como la espuma de las olas
que en Madrid rompen en Metro,
sobre la orilla de un semáforo,
en el espigón magnífico de un atasco.
II.- La voz a ti debida
La poesía es un arma cargada de futuro (Celaya)
Desdeño las romanzas de los tenores huecos (A. Machado)
Hoy mi poesía no puede ser tuya,
ni tuya, ni de nadie, salvo de todos.
Hoy no es mía la poesía que canto
sino que es el rezo de los que quieren decir algo.
De aquellos que no pueden
al estar sepultados en las cunetas de la historia.
De aquellos que no saben,
pero saben que vivir no es condena.
Hoy mi poesía no es palabra, no sólo ella,
sino voz, sino grito, sino puño,
y con ellos, los de todos que quieran decir algo.
Hoy mi poesía no es poesía, ni canto,
y los versos dejaron atrás las palabras.
Hoy el verso es tu cuerpo
y mi texto tu garganta
y mi mi mano tu ausencia.
Son mil gritos los que guarda este poema,
de las gentes a las que sus gritos ahogaron,
de todos los que germinan hoy sus penas.
De todos, de todos cuantos faltan.
III.-
Te echo de menosLa cama guarda aún
la silueta que dibuja tu cuerpo
cada noche.
Entre el tictac del reloj
y los coches que no dejan de pasar
tu respiración se sigue abriendo paso.
¡Qué curioso! Como si estuvieras.
Mis manos se cubren de polvo
y mis párpados han de dar descanso
a los ojos que te buscan
en el lado de tu cama
sin encontrar más que frío
y una lejana ausencia
entre las floresde las sábanas.
Hilo a hilo se queda tu memoria
junto a la mirada
que intenta reconstruirte
a través de las esporas de piel,
blanca, pétrea, suave,
que al respirar te hacen el amor
en mi recuerdo, en mi añoranza.
Un saludo desde mi jardín.
Bomarzo, el osado.
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