Debo reconocer que ayer me sentí como
niño al que llevan a conocer uno de sus héroes favoritos. La idea de conocer la
Cámara Alta me puso nervioso desde el mismo instante en el que mi jefa me dijo: “Juanjo, pasado mañana vas al Senado con Toni”. Y las expectativas se cumplieron.
Por el entorno. La Plaza de la Marina Española, lugar en el que se encuentra está en un entorno precioso de un Madrid que desconocía, cercano a la zona del Palacio Real, pero escondido en un entramado de calles del Madrid de Larra o Galdós, de cafés y pensiones, grandes levitas y mostachos rizados.

Por su interior. Gran palacio, pero en nada –o en poco- rancio y obsoleto. Y con un
granadino en su interior. El senador accitano
Enrique Casas, asesinado por
ETA en San Sebastián (
os imploro que perdáis 10 minutos de vuestra vida en ver el trabajo realizado por
Barrera y
“el Pérez” sobre este hombre y que está enlazado). Su busto y nombre recibieron a los comparecientes y a este provinciano jardinero incapacitado para salir de su emoción y lanzando ensoñaciones en las que se veía ocupando uno de esos escaños como representante de los suyos…

Por sus ocupantes. Junto a
Iñaki Anasagasti –con quien comparto poco, la verdad- y cuya calva es tan cierta como hoy es hoy, pasé más de una hora de un día inolvidable. A su lado, la que fuera ministra socialista
Matilde Fernández y muchos otros que no gozan de la fama, pero que sí merecen el respeto que desprende su trabajo. Al final o vi a ninguno de mis paisanos… Otra vez será.
Un saludo desde mi jardín.
El resto de las fotos en
www.flickr.com/eljardinerodebomarzo
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